Sabiendo el peligro en el que me encuentro, intento estar lo más lejos posible de ese hombre, pero claramente mi intento no sirve en lo absoluto cuando me deja prisionera contra la pared y su cuerpo. Por eso, acudo a la razón y algún sentimiento de piedad que pueda tener para que me deje en paz. — Señor, no comprendo porque me encuentro aquí ni que es lo que acordó con Zac, pero por favor, no me haga daño. Yo no sé qué hacen ni hago parte de ello, para salir dañada por sus negocios. Así que, por favor, sea mejor persona que Zac Clein y déjeme tranquila. — suplico. — El negocio es claro y en el mismo como retribución por aceptar sus requerimientos, él me entregaría cinco juguetes sexuales y tú eres la quinta. No quiero que te alarmes, no te mataré si es a lo que temes, pero si debes dar

