Al día siguiente Con nerviosismo, me levanto de la pequeña silla donde duermen los acompañantes y salgo de la habitación para saber como como el proceso para la intervención. El procedimiento, será a las diez de la mañana y aunque son solo las seis de la mañana, el desespero y agonía porque las cosas estén bien, hacen que no pueda mantenerme en un solo lugar. Desesperada, molesto a los enfermeros que me dicen que debo mantener la calma y esperar. Pero eso es imposible para mí. Han pasado casi tres años desde que mi pequeño fue diagnosticado y muchas veces ha pasado por muchos tratamientos que han fallado para controlar o detener la leucemia que se ha mantenido firme en su cuerpo. Ese que se muestra tan débil por no poder erradicar esas células cancerígenas que siguen alimentándose de él

