Ya de regreso a la clínica, porque realmente allí es donde vivo, paso tiempo con mi hijo mientras Adara desaparece con su querido novio James. Mientras como la merienda con Kang, me resulta imposible no pensar en mis padres. Mi padre, hubiese deseado enseñarle a su nieto, como administrar la empresa desde pequeño y mi madre, le habría hecho ropa muy bonita y a la moda. En estos años en los que tanto sentí la ausencia de mis padres, lo que más me dolió fue que mi pequeño n o conociera a sus impuntuales abuelos y ahora que regrese de la cárcel, me hizo esos hombres recordarlos. Porque aunque usaron la violencia para proteger a los suyos, no son distintos a mis padres que me hubiesen protegido de Zac y su maldad. — ¿Mamá? — me llama mi pequeño sacándome de mis pensamientos. — Dime, peque

