3.

1533 Palabras
Ella me miró inmediatamente. Volvimos a chocar miradas una vez más. —No doctor, ni la más mínima— contestó desganada. El médico asintió apuntando en su tabla. —Le traerán de comer, dele la cena en la boca como muestra de amor y cuidado, también las pastillas que la enfermera le indicará. Estaré regresando para verificar que todo marche bien. Dentro de poco le colocaré otro suero. — se portó muy amable antes de salir de la habitación. —Pude sentir tu miedo cuando el doctor me preguntó si tenía sospechas de estar embarazada. ¿Qué te pasó? ¿Pensabas que diría que sí? Te recuerdo que no hemos hecho nada— se comportaba fría conmigo y era lo más entendible. —No tienes que recordármelo, que conste que no ha sido porque no he querido...— me interrumpió. —La que no he querido soy yo, ni quiero, ni voy a querer tampoco. — se cruzó de brazos. —¿Ah sí? ¿Y eso por qué? — le pregunté atrayendo su rostro hacia mí ya que me había desviado la mirada. —Tú estás más usado que un baño público, Alessio. — fue imposible no reírme. Me observó todo el tiempo reírme mientras tomaba aire y volvía a mi postura. —Te equivocas, ya luego hablaremos de eso como la pareja que somos. — —La pareja que somos ante la gente, porque en casa somos dos desconocidos. — remojé mis labios. Era contestona, como me agradaba eso, no me aburriría nunca. —Te prometo que cuando me conozcas todo será diferente. Ahora esfuérzate en mejorar, ¿sí? — —¿Me vas a dejar ir si me mejoro? — sus ojos cristalinos querían jugar conmigo. —No— le contesté simplemente. —¿Para que me quieres contigo si nunca estás? ¿Si esto no es real por qué querer verme sufrir? ¿No te basta ver lo que has causado en mí? — se deslizaron unas dos lágrimas por sus mejillas. No me importó alzar mi mano y con mi pulgar secarlas de inmediato observando cómo apretó sus ojos y creyó que la lastimaría. Su rostro se relajó cuando notó mi acción. —No me iré, ya lo que tenía que resolver para que podamos estar en paz, lo logré. Será real todo lo que haré que empieces a sentir y me ganaré tu perdón a como dé lugar, no quiero hacerte sufrir, conmigo puedes ser muy feliz. ¿Por qué dudas? — —¿Bromeas? ¿Qué por qué dudo? ¿Por qué eres un hombre malo? ¿Un hombre quien me alejó de todo lo que quería, me cambió de vida, me encerró en su castillo y me abandonó allí por meses? ¿Y te preguntas por qué dudo? — me cuestionó alzándome la voz. —¡Querían hacerte daño! No lo entenderías ahora por lo que no hablaremos del tema. — no podía soltar mucho. —¿Quién me quería hacer daño? ¿De qué hablas? — me preguntó. —Confórmate con saber que me gustaste desde el día en que te vi en la inauguración de la empresa de tu padre. Tu unión y la mía puede que para ti no tenga ningún sentido, pero para mí vale mucho. Y si, cometí el error de tenerte encerrada por mucho tiempo, pero era por tu bien. — ella sacudió su cabeza ante mis palabras. —Tu unión y la mía claro que no tiene ningún sentido para mi— era más fría que yo. —No me importa lo que digas ahora, te voy a tener encima de mi todas las noches descansando sobre mi pecho, haciéndote mimos en el pelo, nos ducharemos juntos, cocinaremos juntos y haremos el amor bien rico, tanto que me pedirás que te coja cada hora. — Pude ver como sus ojos se dilataron aún más ante mis palabras, escuché su garganta tragar y su desvío de mirada me confirmó que de alguna manera u otra le había llegado lo que le dije. —No sabía que un magnate como tú podía querer tales cosas tan románticas como esas— fue a penas lo que me dijo. —Contigo sí. — —Pues así como te costará la vida que te perdone, también enamorarme por igual. Yo a ti te odio Alessio Osman, y eso no va a cambiar— me pasé el dedo pulgar por los labios. —Te recuerdo que te tengo conmigo, tú eres mía Gemma. Eres la señora de Alessio y eso es más que suficiente para lograr lo que quiero. Ódiame, ódiame con todas tus fuerzas, mientras más me odies, de igual manera me amarás — … Narra Gemma. —Gracias por venir— con suma tristeza me despedí de mis padres, quienes habían venido a visitarme al médico después de un mes sin vernos. Ellos vivían en Suecia, éramos británicos. Valoro demasiado el viaje que han tenido que dar para agradarme con su presencia. —Regresaremos mañana, ¿Qué creíste? ¿Qué viajaríamos 14 horas solo para verte un día? no. Nuestro vuelo sale el sábado en la mañana — mi mamá acarició mi rostro. —Llévenme con ustedes— les pedí mirándolos a ambos fijamente. —Sabes que no podemos, no hablemos de ese tema por favor, que nunca llegamos a nada. Tienes un esposo ahora— mi padre me contestó duramente. Tan solo asentí, él tenía razón, hablar de ese tema no me provocaba nada más que daño emocional, más del que tengo. —Mejórate linda— mamá besó mi frente y se marchó con mi padre, quien siempre se mostraba medio distante conmigo luego de lo qué pasó. Tras unos segundos de ellos abandonar el lugar, Alessio entró a la habitación. Hoy ya vestía distinto, se había ido a su palacio a ducharse y a vestirse. Había dormido toda la noche en el sillón, me desperté varias veces en la madrugada y lo vi permanecer allí siempre, hasta esta mañana cuando el doctor le indicó que fuera a casa y descansara, pero no lo hizo hasta que mis padres no llegaron al medio día. —¿Cómo te sientes? — me preguntó. —¿Cómo debería de sentirme? — Lo vi negar con la cabeza y avanzar hacia mí. Siempre que se acercaba me provocaba cierto nerviosismo, era un hombre muy guapo, de gran tamaño y porte. —Aquí tienes tu móvil, sin restricciones algunas, Gemma. Tus padres pueden ir a nuestra casa siempre que quieran, ya les hice saber y en cuando a tu libertad...— ni siquiera lo dejé terminar de hablar. —¿Podré ser libre? — me ilusioné. —Nos arreglaremos con eso. Podrás ir a donde gustes cuando te sanes y hablemos unas cuantas cosas. Tendrás dos guardias y un chofer que te llevaran a donde quieras— ya sabía, no podía ser perfecto... ¿pero y todo esto de repente? —¿Tenía que enfermarme para que te dieras cuenta de que me estabas matando lentamente? Casi casi agregabas a tu esposa a tu lista de difuntos — me crucé de brazos. Lo vi acercarse de más. Apoyó sus brazos en la camilla al lado de mi cuerpo y me miró fijamente. Sus ojos marrones eran muy lindos, no se veía en ellos lo que mostraba por fuera. —Estoy comenzando a creer que te gusta provocarme. Yo no soy un asesino— me dijo acercando su rostro lo suficiente al mío como para que pudiéramos rozar narices. —No pienses que porque me dejaste ver a mis padres y me quitaste las prohibiciones, te voy a perdonar. Y me sigues pareciendo un asesino — murmuré sin dejar de mirarlo a los ojos. —Si, en realidad llámame así. Te mataré a besos, devoraré esos labios tan apetecibles que tienes. Me acusaran de asesino cuando te haga morir de placer — tras sus palabras ardí por dentro porque era un maldito que lo que sea que sexualizara iba a su favor. No sabía ese dato suyo, sé tan poco de él. —Me das asco, así que ni lo intentes — y yo, yo me empeñaba en hacerle saber que lo odiaba, por más bueno que estuviera. No me dio tiempo a pestañear, sus manos tomaron mi rostro y sus labios los míos. Trató de ser brusco al tomarme pero bajó la intensidad cuando tuvo contacto conmigo y con pasión pero a la vez con ternura, me besó por unos segundos llegando su mano hasta mi cuello donde la subió por mi nuca y la metió en mis cabellos. —¡Uy! ¡Perdón! ¡Que inoportuno soy! — el doctor que últimamente estaba entrando sin tocar, interrumpió nuestro primer beso. Ni siquiera me interesé en mirarlo, yo estaba con la mirada fija en Alessio después de separarnos... me había besado. —Que mentirosa eres. Si una rana intenta besarme, como le tengo asco me la quitaría de encima. ¿Qué pasó? ¿Por qué no me empujaste? — su pequeña sonrisa salió a la luz tras lograr su objetivo. Tenía unos dientes sumamente blancos que resaltaban ante su piel canela. ¡AY! LO ODIO.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR