4.

1330 Palabras
—Doctor, ¿cree usted que mi esposo me puede besar? ¿No corro riesgo de extraer una bacteria? — fijé mi mirada en el médico. —Considero que no, además, le informo que va muy bien su mejoría, esta noche al terminar el suero ya no necesitará otro. Continúe avanzando, así no tendrá que quedarse más aquí, tan solo venir a las citas y seguir con la dieta que le colocaré. — me sentía bien por eso, me deprimen los hospitales. —Quiere decir, ¿Qué le puedo dar todos los besos que quiera? — preguntó el muy atrevido. —Montones. Estoy seguro de que eso le ayudará a sanar más pronto— que doctor ni más alcahuete! —Permiso, hora de cenar— la enfermera entró a la habitación con la bandeja. Anoche la cena estuvo horrible, no sabía a nada. —Vamos, a cenar que tienes que comer para tomar medicamentos— su mano se deslizó por mi cabellera rizada. Si de verdad fuera así y no un papel actuado delante de la gente.... no... no, ni lo pienses Gemma. —Hacen hermosa pareja, mejórese — me habló la enfermera con un halago que hizo sonreír a Alessio. —Estoy totalmente de acuerdo con ella. Vainilla con chocolate, siempre es lo mejor. — Este doctor estaba chiflado! — Y eso doctor, que no nos ha visto yo dándole la comida en la boca— Alessio le dijo al doctor tomando el tenedor con todo el atrevimiento del mundo, llevándome el primer bocado a la boca. Me atacó con los ojos cuando me negué a querer comer, pero era porque sé que estaba mala! —Ese amor y ese cuidado hará que su esposa se mejore muy pronto. Se asegura de que de tome las pastillas — le dijo al actor de Hollywood antes de salir de la habitación. —Claro que no se me olvidará, doctor — se merecía un premio. —Quisiera que ...— iba a hablar pero no me dejó. —No diga nada Gemma, mire que yo flojé la cuerda pero cuando usted no colabore vuelvo y la aprieto — me advirtió. Era un completo hombre controlador, con el imperio siempre en la cabeza y las ordenes en la punta de la lengua. —No quiero sentir más esa comida sin sabor en mi boca— le reprendí ante el bocado. —No te preocupes nena, ya pronto sentirás otra cosa en tu boquita, y con sabor. La mía es dulce— ¡AYY, y era perverso, como nadie! … Narra Gemma. —¡Pero prueba tú! ¡Prueba tu para que sientas que mala es! — quería obligarme a tragarme otro bocado. —No, la cena es para ti— hasta él mismo estaba consciente que sabia desagradable. Por eso no quería probar. —Hazlo y me la termino toda— quería ver tan solo su cara. Me miró con los ojos entrecerrados. —Si me das otro beso— remojó sus labios. —Alessio, ¡prueba! — Se metió la cucharada en la boca y tan de pronto como la sintió en su paladar la tragó fuerte cerrando sus ojos. —¡j***r! ¡Que asco! — se me hizo imposible no reírme. Zapateó como niño rebelde. —Así me pasó cuando me besaste — lo mortifiqué. Una sonrisa apareció en su rostro. No entendía el por qué del gesto, pero era en su totalidad un hombre.... no, no. —Prefiero mil veces esto, a que no me hables. ¿Por algo se empieza, no? — No comprendía nada. Tenía ganas de hacerle muchas preguntas y saber más de él, pero el rencor no me dejaba, y aunque se estuviera portando muy bien ahora, no puedo sacar de mi mente las veces que lo maldije por tenerme encerrada. Cada vez que sonreía parecía tan bueno, tenía una sonrisa inocente pero sé que no lo es. Intenta ser bueno conmigo, pero me ha hecho demasiado daño y no lo quiero. Lo peor, es que no sé cuándo se terminará este matrimonio y podré seguir con mi vida. Al ver que no le respondí, se dió vuelta y comenzó a tirar la comida a la basura. Sacó la bolsa y sin mirarme en ningún momento caminó hacia la puerta, llamó uno de sus hombres y se la entregó para que la desechara fuera. Yo me quedé totalmente impresionada. Se acercó al sofá en donde duerme y de una mochila que no me fijé cuando la trajo, sacó un termo niquelado. — Virginia ha estado preocupada por ti. Le comenté esta mañana que odias la comida que te dan aquí y que necesitas subir la defensa. Te preparó un jugo que según ella te parará de esa cama, y confío plenamente. Así mismo era mi abuela y todo los remedios que me hacía, me curaban. — me tendió el pote. Virginia, en todo este tiempo que tengo de casada con Alessio ha sido un ángel para mí, me ha cuidado muchísimo y hablamos...puff... un montón. Ella es parte de mi entretenimiento en esa casa y sé que se enojará conmigo cuando regresé porque le mentí. —No le digas nada al doctor — adentró sus manos en sus bolsillos. —Gracias. Virginia es un ángel — procedí a tomarme el jugo medicinal. No sabía tan mal, la guayaba le daba un buen sabor. —Si es un ángel, ¿por qué le mentiste? Ella pensó que estabas comiendo. ¿Te subía la comida a tu recámara y tú que hacías con ella? ¿Por cuantos días dejaste de comer? — su facción contraída, su buena postura, sus hombros ensanchados, su mentón bien alto, su mirada fija en mi... se veía completamente guapo tan serio y autoritario. —Te recuerdo que me tenías encerrada, déjame contarte mi típico día. Ya a las siete de la mañana estaba despierta, incluso a veces antes. Me duchaba, me vestía, me peinaba y arreglaba la cama para matar el tiempo. Bajaba a desayunar y me quedaba a conversar con las mujeres en la cocina. Trataba de leer, de sembrar o de incluso hasta de ayudar con los oficios pero era imposible que me dejaran hacer mucho por ser la señora de la casa. Para el almuerzo me metía a como dé lugar en la cocina y aprendía de Virginia grandiosos y ricos platos, me gustaba servirles la comida a todos tus hombres en su comedor y me sentía muy útil y ocupada. Llegaba la tarde la cual era larga y aburrida y me ponía a ver documéntales; me he visto todas las series de maestros. Lloraba recordando como en la universidad el salón era completamente mío y los estudiantes mi gran equipo. Odiaba dormirme de tarde porque entonces no dormía en la noche y ni hablar de las madrugadas en vela porque no conciliaba el sueño, mi deseo de cada noche era que el día siguiente fuera muy agotador para así estar cansada y que mi cuerpo se durmiera y no despertara más hasta el otro día, pero no. Fueron muchas las cosas que quise hacer ante mi desesperación. Me hice cuatro cursos online, me ejercité, aprendí a bordar y también a cocinar; hasta inventé clases que no sé cuándo las volveré a dar. ¿Y tú? Y tú bien gracias. Ni una llamada, ni te acercabas cuando estabas en casa— me dolía el alma profundamente cuando recordaba esas largas noches a solas en las cuales a veces ya ni las lágrimas me salían porque no me quedaban más de tanto que lloraba. —Pues no todo fue malo, aprendiste cosas nuevas. — y eso fue lo único que me dijo tras desahogarme con su semblante frio como el hielo. —La vida del ser humano vale más que tus intereses políticos, sociales, económicos y tu poder. Cuando entiendas eso, dejarás de ser el hombre malo que te impide ser feliz. — le restregué en su cara. OH...OH..
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