5.

1357 Palabras
—Te dije que no soy malo pero puedes pensar lo que quieras de mí. Di que soy un asesino, que te trato mal y todo lo que sientas, pero no es lo real. Tengo 28 años y no sé lo que es disparar un arma para quitarle la vida a nadie y poseo una cadena de empresas las cuales me hacen rico, pero no soy quien crees. — me dijo arrugando su nariz y su frente. —Y claro que tu vida vale más que todos mis interés económicos, sociales y mi poder, a lo político ni mucho me dedico; es por eso que nos casamos, para proteger tu vida. — me dió la espalda caminando hacia el sofá. —¿Para proteger mi vida? ¿Qué dices? — fue imposible que no preguntara. —Lo que escuchas. Más adelante, cuando estés dispuesta a hablarme, a conocerme y a tratar conmigo, entonces sabrás la verdad. Por el momento, ándale, sígueme odiando. Quieras o no seguirás siendo mi esposa. — ... Narra Gemma. —Qué bueno que la veo, Gemma. ¿Como se siente? Había querido verla anteriormente pero ya sabe, su esposo nunca la ha dejado sola. – Benjamín, un escolta del palacio se había hecho muy cercano a mí. De vez en cuando, de tarde, solemos hablar. Es un buen lector de novelas románticas del siglo diecinueve y no saben lo que me agrada tener a alguien con quien hablar de temas como esos en esa vacía casa. —Estoy mucho mejor, gracias por estar al pendiente. Cuéntame, ¿te terminaste la novela? —le pregunte mirándolo asentir emocionado. —Así es, fue espectacular. Hoy se la devolveré. Pensé en usted mientras la leía—remojé mis labios. Iba a contestarle pero, se me adelantaron al mismo tiempo en el que me rodeaban por la cintura con un roce sumamente tierno que me erizó la piel desde la punta de los pies hasta la cabeza. Y escuchar el carraspeo de Benjamín y ver su rostro tornarse pálido me confirmaron que el magnate había hecho su aparición. —Qué bueno que es mientras lee, que piensa en mi esposa, y no mientras se hace otras cosas. —Y tenía una respuesta para todo, unas que eran como bombas de fuego. —De paso, léase una que se titula, *Amores imposibles*, se la recomiendo —No pude evitar agachar la mirada de la vergüenza. —Vámonos, querida—me tomó de la mano y caminó conmigo hasta salir finalmente de la clínica. Cuando llegamos a su auto de inmediato le solté la mano. —No vuelvas a hacer eso—le advertí en el estacionamiento. Tenía que decírselo antes de subirnos al auto, no quería hacer espectáculos delante de su chofer. —Y tú no vuelvas a dejar que te coqueteen—sus músculos de la cara estaban totalmente contraídos. —¿Con cuantas no te metiste estando supuestamente de viaje? —hice comillas con mis dedos. —¿Quieres decir que te metiste con uno de mis hombres? —Me atacaba con los ojos y con sus palabras. —¿Estás loco? No soy como tú. Benjamín es solo un compañero de lectura. Ante la ausencia de mi esposo y su falta he tenido que recurrir a pláticas con otro hombre, aunque sea de novelas—imité una voz que incluso a mí me pareció molesta, solo para provocarlo. —¿No me digas que te desahogas con él? O más bien, ¿le cuentas sobre nosotros? —me preguntó entrecerrando los ojos con molestia. —La palabra nosotros, no existe. Además, yo no tengo que contarle nada a nadie, la gente se da cuenta sola— me crucé de brazos. —La servidumbre y mis hombres son empleados, no más. No puedes tener ninguna relación o vínculo con ellos. Y tú no te preocupes, sígueme retando y buscando ese lado que contigo no he querido sacar...— —¿Y si sigo qué? Deja los celos, Alessio—chasqueé la lengua sintiéndome empoderada ante su reacción. —No son celos, para nada. Si fueran celos, lo cancelaria de inmediato. ¿Pero sabes que hace un hombre poderoso, de clase y seguro de sí mismo? —me fronteó en mi cara portándose como el maldito poderoso magnate guapo que es. Dió un paso más hacia mí. —Le sigue demostrando a ese que gusta de su dama, que esa mujer es solo de su propiedad, y que puede mirar pero no tocar porque aunque yo no te he puesto dedo encima, usted es mía Gemma. —Su maldito tono cauteloso, sus aires, su calma... me prendía todo el cuerpo. —Y otra cosa, no le ande contando nada a nadie de nosotros. Pues, quedarás como mentirosa cuando te vean pasearte en mis brazos y caminar de mi mano después de lo que has contado de mí. Así que amor, lo que tengas que decirme cuéntamelo. Podemos hablar de mi si quieres, soy capaz de autocriticarme. — ¡AYYYY!! ¡Cuanto lo odioo! —Ahora súbete, vamos a casa—me tocó el brazo haciéndome el ademan de entrar al auto. —No me toques—Deletreé cada palabra muy lento. —Cuando estemos en la cama, espero que no me pidas lo contrario. Pero vale, no la toco su majestad— Si las miradas mataran, ya lo hubiera enterrado treintas veces. Sin más que agregar me subí al auto. En todo el camino no sabía porque me sentía distinta. Había pasado cuatro noches internada en esa clínica, una de más porque el señor Alessio había insistido, pues según él, quería que me fuera de allí totalmente repuesta, y el doctor no le llevó la contraria. Se encargó de anotar todas las indicaciones como si él fuera el enfermo y sé que ahora buscará estar al pendiente de mi dieta, mis proteínas y de más solo para estar cerca de mí. Sin embargo, agradezco sentirme mejor que antes, lo que hice en realidad no estuvo bien. —¿En que piensas? —lo escuché preguntarme. —En que voy a volver a tu palacio—así le llamo yo a esa inmensa casa. —Nuestro, nuestro palacio—me corrigió. Rodé los ojos y suspiré. —¿Y que sucede? Ya sé...no quieres regresar—dijo mirándome fijamente a los ojos recostando la cabeza del asiento. Me imagino que debe de estar muy cansado, ha dormido las cuatro noches en un sofá. Si supieras, no me siento tan mal por volver. Es extraño pero, es como si sintiera algo distinto. Debería de aborrecer la idea de pisar esa casona. Pero no es así—odiaba cuando a veces ni yo misma podía saber con certeza lo que sentía. —Es fácil Gemma. La diferencia que sientes es que, sabes que estaré yo en la casona. Y aunque sea peleando, tu interior sabe que no será lo mismo. La mente es así, en realidad sí coordina con el corazón. Sabe que no estarás sola— Nunca había conectado tanto con él. Pero en ese momento tuvimos una conexión extrema. Su mirada y la mía se tocaron, se desnudaron y se comieron. Tenía un imán que quería halarme hacia él, pero no podía, no me dejaba del todo. —¿De verdad ya no te vas a ir? —se me hizo imposible no preguntarle mientras mordía mis labios y sentía mi corazón encogerse. —Ya no, ya terminé todo lo que me alejaba de ti, volví en definitiva para quedarme, como me hubiese gustado cuando nos casamos. —y si lo vieran como yo, cuando me hablaba así me daban ganas de muchas cosas. —¿Qué fue lo que realmente pasó para que todo esto sucediera? —le pregunté tragando fuerte. —Te dije que te lo contaré en su debido momento. Por ahora, haré todo lo que pueda y no, para ganarme todo lo que venga de ti, Gemma, porque soy consciente de que la manera en que te tuve no fue la mejor, pero mi manera de enamorarte trataré de que si lo sea—
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