Durante la cena, les había contado a mis padres sobre mi nuevo trabajo. Estaban tan contentos con la noticia y orgullosos de mí. Desde que me había recuperado de la operación, siempre me habían ofrecido pagar el dinero del banco, pero yo jamás se los había aceptado. Esa era mí responsabilidad y al fin, iba a poder salir de esa maldita deuda. No se trataba de orgullo ni de ser grosera con mis padres. Se trataba de ser autosuficiente, independiente y responsable, después de todo, el accidente había sido mi culpa, por haber saltado estúpidamente en ese remate y era yo quien debía saldar y cerrar ese pasado. Al día siguiente, me levanté temprano, muy animada, pero demasiado nerviosa y ansiosa. Estaba lista para comenzar una nueva etapa en mi vida, en un nuevo trabajo, con personas nuevas, con

