Capítulo 6.
Una gran tormenta se acerca
Narración.
En Londres, Sofía se siente angustiada por saber que sus pequeños están fuera de casa, fuera de su protección; no podía entender cómo dejó que se fueran. En su corazón sentía que algo pasaría, que sus indefensos pequeños la necesitarían solos. La crisis de Sofía vuelve, sintiéndose culpable de enviar a sus pequeños a un mundo que no conocen. Los truenos la sorprenden, recordando cuando su pequeña Daniela lloraba en el armario por el temor que le ocasionaban; quería llamarla, pero las conexiones estaban caídas. Caminando por la habitación sin poder dormir, mira a su esposo Daniel, que duerme tranquilo sobre su cama, mientras ella pasa la noche sin poder descansar.
—¿Pasaste la noche sentada sin poder dormir?
—Daniel, Daniela le teme a los relámpagos; quiero ir a verla.
—No, Sofía, tienes que dejar que nuestra hija se defienda por sí sola; ya basta de querer tenerla en una burbuja, ella tiene que aprender y ser libre. Por esa razón no le puse escoltas; ella debe aprender a ser una adolescente normal.
—¿Qué hiciste qué? ¿Quieres decir que mi pequeña está allá afuera sola? ¿Te volviste loco? Cualquiera podría engañarla; los chicos de ahora solo quieren jugar con las chicas. Daniela no está preparada para sufrir.
—No lo hará, tienes que dejarla vivir sus propias experiencias; sé que sabrá cuidarse sola. —Daniel sabe que su hija aprende rápido y quiere que ella experimente por su cuenta. —Sofía, tengo varias llamadas del hospital psiquiátrico.
—¿Qué? No, por favor, tienes que mantener a esa bruja dentro de ese lugar, por favor. —Sofía no podía estar tranquila, sabiendo que la anciana quería verla hundida.
—Entiendo, ok, no hay problema, muchas gracias. —Daniela tenía una mala noticia para Sofía, pero lo oculta para no hacerla sufrir.
—¿Qué pasa?
—Nada, la anciana está muy enferma, podría morir en cualquier momento —dice, sabiendo que en realidad esa anciana ha escapado, pero se siente tranquilo porque tiene un equipo de seguridad muy bueno, y sabe que la anciana nunca daría con los gemelos.
—Está bien, así no nos haría más daño. —Dice Sofía con odio.
—Ven, ahora duerme, debes descansar.
—Gracias, cariño, te amo.
—Te amo, Sofía.
Desde que están solos, Sofía se ha mantenido más tranquila a los ojos de Daniel, quien pasa tiempo con ella para revivir el amor entre ellos sin esperar que una fuerte tormenta pondrá su mundo de cabeza.
*
Daniela
Siento sus caricias en mi rostro; al sentirlo, tomo su mano un poco soñolienta y me vuelvo a quedar dormida tras sentir sus labios contra los míos. El sonido de mi despertador me despierta con rapidez. Me despierto y puedo ver que ya no está en la cama. Camino al baño; duchándome, lavo mis dientes, salgo de prisa cambiándome y aún no logro ver sus cosas en la habitación. ¿Se fue? No puedo entender que me dejó sola, el cielo está nublado el día es oscuro debido a la lluvia que aún no cesa, bajo a la cocina recorriendo el lugar y sin dudas él no está en casa, me acerco a la cocina preparando café y tostadas para desayunar, me acerco a la mesa tomando mi celular para marcarle, intentando varias veces no logro comunicarme con él, decepcionada tomo mi bolso y mi chaqueta cubriéndome hasta llegar al coche, conduzco hasta la entrada donde bajo cubriéndome, puedo ver los pasillos a sus amigos y no logro verlo, me acerco a la entrada de la cancha y lo veo junto a una chica catira muy hermosa, la chica lo toma de la chaqueta abrazándolo, no puedo entender, ¿Cuántas primas tiene? Estoy confundida.
Entrando a clases me siento un poco triste, se siente extraño este sentimiento de ira llenando mi energía apagada, sentir celos por esa chica me deja sin ánimos, presentando mi caso, una dinámica en grupo nos lleva a un juzgado donde debemos defender a nuestro cliente, todo es fascinante poder ver la realidad de un gran caso, desarrollo los hechos de un acecino que es juzgado según sus acciones en este caso fue en defensa propia y debo defenderlo con argumentos y pruebas que pueda liberarlo, armando los argumentos los presento al juez que en este caso es un compañero de clases quien se mete también en su papel poniéndome las cosas difíciles, sin pensarlo tomo de mi bolso la ley buscando un artículo 109 donde se denomina que si los hechos son presentados bajo una demanda se podría tomar en cuenta el testimonio del acusado haciendo las investigaciones pertinentes, eso me llevo a qué mi acusado se vio atrapado entre su vida y la del agresor llevándolo a defenderse de su atacante.
—Se denomina que por medio de la defensa no hay motivo del agresor para llevarlo a matar a su agresor sin motivos; por lo tanto, se aclara que fue en defensa propia y debe ser liberado. Felicidades por tu caso, tienes que seguir adelante, llegarás muy lejos. —Dice mi profesor con orgullo.
La clase fue fácil; en diferentes perspectivas, los casos se pueden desarrollar y dar inicio a un largo juicio. Salgo de clases para encontrarme con las chicas en la cafetería; voy de camino cuando de la nada siento sus manos sobre mi cuerpo arrestándome hasta un salón de clases que está solo.
—¿Qué crees que haces? —le digo sin ánimos.
—¿Qué pasa? ¿Estás enojada?
—No, si me disculpas, me están esperando. —Le sigo abriéndome paso a la salida.
—Hey, hey, espera, ¿qué tienes? ¿Estás molesta porque me fui sin avisar? Lo siento, tenía cosas que hacer.
—Entiendo, no tienes que explicar, ¿vamos?
—Daniela. —Me sostiene de la mano besándome, me sube sobre el escritorio mientras aprieta mis caderas.
—Por favor, suéltame. La verdad, odio las mentiras, aunque agradezco lo que has hecho por mí; ahora tengo que concentrarme en lo que vine a hacer a este lugar, no tengo tiempo para esto. —Le digo mirándolo fijamente.
—¿Por qué estás tan enojada? ¿Mentiras? Yo no te he mentido, Daniela.
—Entonces explícame por qué te fuiste esta mañana sin decir nada, sin contestar mi llamada. Te vi, Kevin, no tienes que mentirme, estabas con una chica esta mañana. La verdad, no tengo tiempo para esto, nunca he hecho esto, ¿me entiendes? No quiero que me lastimes, ¿crees que soy una tonta a la que puedes engañar fácilmente? Lo siento, pero no seré tu juguete de diversión, lo lamento. —Puedo verlo retroceder. Me mira en shock, tomo mi bolso colocándomelo y salgo del salón.
Realmente pensé que él no sería como mi madre describió a los hombres, ahora puedo entender por qué me protegía tanto, por qué se les hace difícil ser sinceros, jugar con las personas no es bonito, eso daña y crea un dolor intenso que no puedo entender, subiendo a mi coche conduzco por el lugar regresando a casa paso por la cafetería comprando pizza y unas golosinas tendré como en casa mi noche de películas románticas donde me siento sola en el sofá viendo esas películas de amor que hacen que los sentimientos despierten, llegó organizando el lugar me acomodo cambiando mi ropa me coloco un short y una camisa de pijama de piel de durazno, tomando mi helado y mi pizza subo a mi habitación acomodándome para mi noche de cine, realmente me gusta estar sola, ya que en casa siempre lo estaba, pero desde que conocí a Kevin la soledad solo me hace extrañarlo, estoy viendo una hermosa película llamada 3 metros sobre el cielo, se parece un poco a mi historia con Kevin solo que está vez él me miente por ocultarme su relación con otra chica, tomando mi bebida y un trozo de pizza, cuando mi celular al sonar me saca de mi nube de amor.
—¿Buenas noches? —digo respondiendo a un número desconocido.
—¿Podemos hablar?
—¿Kevin?
—Daniela, estoy afuera, hablemos. —Dice haciéndome recordar los momentos en que mi padre rogaba a mi madre que arreglaran las cosas.
—Bien, solo dame un momento. —Le digo levantándome, tomo mi chaqueta y me cubro, bajando. Abro la puerta; puedo verlo tan hermoso o más guapo que esta mañana con su chaqueta negra y sus pantalones ajustados.
—¿Puedo? —dice señalando la entrada. —Me iré si después de hablar no quieres verme. —Abro la puerta para él; haciéndome a un lado, lo dejo pasar. Cerrando la puerta, me recuesto sobre la mesa, viéndolo frente a mí. —Escucha, Daniela, quizás me deje llevar un poco por esta fuerte conexión que siento cuando estás cerca. Fui muy rápido contigo, pero no podíamos detener esta sensación que me causa al tenerte tan cerca, pero no te mentí, solo evado algo que es evidente: no soy hombre de tener una relación. Mira, es complicado, no salgo con nadie, solo estamos juntos por diversión, por un rato; no pienses que quiero jugar contigo y sé que eres diferente a las chicas que he conocido, por eso me fui esta mañana. No quiero lastimarte, no quiero que esperes algo que quizás no pase.
—Gracias por aclararme las cosas —le digo sintiendo una corriente llena de desilusión por mi pecho—. Mira, no negaré que todo esto es nuevo para mí, pero entiendo tu posición y estoy agradecida contigo por ayudarme desde que llegué; solo debo decirte que no puedo evitar sentirme diferente cuando estás cerca, pero te agradezco que me dijeras esto antes de que quizás confundiera las cosas —le digo mientras no puedo dejar de ver sus hermosos ojos color miel fijos en mí. Muerto mis labios tratando de calmar las ganas de besarlo—. Gracias por tu compañía, aprecio muchísimo todo lo que has hecho por mí. Lo siento, pero debo seguir estudiando; puedes estar tranquilo, Kevin, pasa feliz noche. —Le digo abriendo la puerta.
—Daniela —hace una pausa suspirando; se acerca a mí donde extiendo mi mano, formando distancia entre nosotros, mientras no quita su mirada de la mía.
—No, tienes que irte —le digo firme.
—Espero que esto no cambie las cosas entre nosotros.
—No te preocupes, somos amigos, no tienes de qué preocuparte. —Digo extendiendo mi mano para que la tome; puedo ver que duda en tomarla y cuando lo hace, mi corazón se acelera sin poder controlarlo. —Feliz noche, Kevin.
—Feliz noche, Daniela.