-No tienes que estar triste -murmuró una voz a mi lado. Mis parpados temblaron, amenazando con abrirse. No quería hacerlo, ¿y si estaba soñando? ¿Si esa profunda voz a mi lado no era real? -Abre los ojos, Cassie -sonrió, pude oírlo sonreír-. Y deja de llorar ya. Apreté los labios y me obligué a abrirlos. -Me agradas, pero eres una tonta -dijo, y sentí que acariciaba mi rostro-. Ábrelos. Los abrí. Theo, a mi lado, acariciaba mi rostro anestesiado. El sol le daba en el rostro y en el cabello, y su sonrisa tranquila me daba una paz interna sobrecogedora. Yacíamos recostados sobre el césped bajo un precioso cielo azul de verano. -Te quiero -murmuré, sin despegar la mejilla de la almohada. El muchacho acentuó más la sonrisa y volvió a acariciar mi mejilla. Se m

