Salimos de la choza, ya algo entrada la noche. Todo el tiempo me mantuve callado y alejado, además no entendía nada de lo que se hablaba. Pero estaba al pendiente del niño, que aunque no esta al cien, ya se movía. Sentí alivio al verlo abrir sus ojos, y supongo que pregunto por su madre, ya que la señora se acerco a él bañada en llanto. Vamos caminando hacia la choza, estoy realmente cansado, y siendo honestos, quiero hundirme en esta diosa que camina a mi lado. Quitar el estrés de estar en silencio por tanto tiempo. En cuanto entramos a la choza, lejos de la gente del ruido, de los ojos. Ella camina hacia la pequeña mesa, para dejar sus cosas, pero no la dejo caminar mucho, la tomo por la cintura y la pego a mi cuerpo, deja caer sus cosas al piso. Y me deja acariciar su plano y marcad

