“Quiero que respeten la privacidad de la mujer que amo, aquel que se atreva a invadir su privacidad será demando por mí, no me tomaré este asunto a la ligera, sólo pido respeto” esas fueron las palabras del señor Schuberg días después del noticiario nocturno, pero esas declaraciones sólo habían provocado más interés en mí. -Sé lo que intentabas hacer –le dije para tranquilizarlo –sabes cómo este mundo de la farándula, sólo no le demos más importancia de la que tiene -Realmente estoy apenado -No es tu culpa, creíste que hacías lo correcto y aprecio eso -¿Es cierto que recibiste amenazas y advertencias? Recordé entonces aquellos envíos a la oficina firmados como anónimo, sí, eso eran advertencias y amenazas de aquellas mujeres a las que el señor Schuberg había dejado, y no eran cosas s

