…el contacto con él ahora no me hacía sentir nada, su mano cálida ahora solo era un contacto como con cualquier socio de negocios, era un desconocido para mi corazón. -Lo siento –dije cuando me giré para mirarlo –mi corazón yo no... -Lo sé –me miró, las lágrimas en su rostro me hacían sentir como la villana del cuento –lo siento Lo ayudé a ponerse de pie de nuevo y cuando logró hacerlo se giró para irse, pero en un arrebato de adrenalina me tomó entre sus brazos y me besó. Abrí mis ojos como platos ante su reacción, y mi instinto fue golpear su cara con la palma de mano, no había medido mi fuerza y ahora su mejilla estaba enrojecida -Yo me lo busqué –dijo riendo –ahora tengo las cosas claras, no me atreveré a hacerlo de nuevo sin tu consentimiento -¿Sin mi consentimiento? ¿Por qué te

