Josephine inhaló aire por la boca y luego la exhaló haciendo un hilo de ruido apenas. Mirando al techo con las manos en sus caderas y luego bajando la vista hacia mí, que hasta entonces había reunido el valor de mirarla, prosiguió. —Negocio —sonrió tristemente de nuevo—. Un negocio. Así comenzó todo. Él me ofrecía una suma de dinero bastante grande, muy grande, en realidad. Y yo me las arreglaba para darle muerte a la persona que también afectaba mi relación. Dos siervos de un sólo tiro —el silencio que se hacía en medio de cada oración congelaba los oídos de ambas, así que Josephine se las ingenió para acortar los segundos de aquel martirio y punzante lapso de tiempo—. Sin embargo, no por ser mi primera vez iba a confiar en las palabras de un hombre que apenas conocía. No me

