Aquel deseo dentro de mí estaba en una bélica guerra contra la razón, de modo que me encaminé a pasos lentos hacia ella mientras al otro lado de la ventana se apreciaba el comienzo de una lluvia nocturna, las cadenas aún atadas a los grilletes que no había conseguido separar de mis muñecas sonaron al arrastrarse por el piso de madera sin nada que las detuviera. Josephine me esperaba allí con fuego en sus pupilas y su labio inferior entre sus dientes perfectamente alineados. Me arrodille ante ella y coloqué mis manos sobre sus rodillas, ella sacó la mano que mantenía dentro de su braga y después de sostenerle la mirada incliné mi cabeza para depositarle un corto beso sobre la tela de su ropa interior, escuché su respiración agitarse y sonreí al saber que ahora estaba a mi merced

