Cuando llegué a las puertas tiré de ellas y salí rápidamente, habían autos en la avenida, peatones en todas partes y mi mirada buscando aquella cabellera roja que contrastaba con su blanca piel que divisé a 50 metros de mí, me alejé al trote hacia el hombre que caminaba a paso diligente con su carpeta marrón a la altura del abdomen; mis padres, novia y hermano que llamaran a mi celular en caso de querer ubicarme, no era lo más sensato quedarme a esperarlo mientras frente a mis ojos la vida y sus acontecimientos pasaban como un tren que invita a un último viaje, el viaje de las aclaratorias. Bajé los peldaños cas interminables del palacio de justicia con cuidado de no tropezar y caer, los rayos del sol bañaban mi rostro con su cálida temperatura matutina, el impact

