Allí estaba yo, con una información antes no escuchada, entrándome por los oídos como una lluvia de agujas, con aquella declaración introduciéndoseme por los poros como partículas radiactivas que corrían en mi sangre por las venas hasta comenzar a perforar mis huesos. —¿Entonces cómo sabía usted que iba a ser abusada? —preguntó el defensor de quien fue guardaespaldas de Tania—. Es que no termino de entender por qué tomó medidas si suponemos que no tenía idea de lo que iba a acontecer. Comprendí instantáneamente que esta vez Josephine hablaba en serio, mientras el defensor del acusado caminaba frente al podio como un tigre de bengala, ella mantenía el rostro sereno y la mirada por lo bajo, quizá sumida en una bruma de recuerdos que hubiera querido yo destruir para

