Aurora estaba sentada en el sillón, rodeada por sus amigas y su hermana Violeta. El calor del té comenzaba a calmar sus nervios, pero el peso de la conversación que se avecinaba la hacía sentir como si todo su ser estuviera en suspenso. Violeta se sentó a su lado, observándola con una mirada comprensiva. Las amigas, siempre tan atentas y protectoras, esperaban, algunas con la mirada fija en Aurora, otras jugando nerviosamente con sus manos. —Aurora... —empezó Violeta, con suavidad, pero con la firmeza que solo una hermana podía tener—. ¿Y ahora qué? ¿Qué pasó con Dante? Sabemos que el pasado que él tiene no es sencillo, pero nos tienes preocupadas. Ya nos contaste un poco antes, pero... ¿empresas ilícitas, Aurora? Eso es muy grave. Las amigas miraron a Aurora, algunas con ojos llenos de

