Las palabras de Dante cayeron como un balde de agua fría sobre Aurora. Su corazón, que minutos antes había latido con pasión desenfrenada, ahora parecía detenerse por completo. Los silencios, las miradas esquivas, las sombras que siempre parecían perseguirlo… todo cobraba sentido en ese momento. Ella respiró hondo, aferrándose a las sábanas con manos temblorosas. No sabía qué esperar, pero sí sabía una cosa: no estaba dispuesta a retroceder. No después de todo lo que habían compartido, de todo lo que había arriesgado por él. —¿Qué significa eso, Dante? —preguntó, su voz apenas un susurro, intentando mantener la calma—. ¿Qué me estás ocultando? Dante dio un paso hacia ella, su rostro tenso, lleno de conflicto. Era como si hubiera una guerra interna librándose dentro de él, entre lo que q

