Habían pasado cinco meses desde que Aurora y Dante decidieron arriesgarse, entregándose a un amor que ambos sabían podría destruirlos o salvarlos. Esa noche, en el penthouse que compartían, la ciudad brillaba desde las ventanas, pero todo se sentía distante, ajeno. Era como si el mundo se hubiera reducido a ese espacio íntimo entre ellos, un universo donde solo existían sus miradas, sus susurros, y el silencio que dejaba todo lo no dicho. Dante la observaba desde el otro lado de la habitación, su figura alta y musculosa, proyectando sombras que lo hacían parecer más oscuro, más inalcanzable de lo que Aurora alguna vez pensó. Él era su tentación, su perdición y, al mismo tiempo, la única persona que podía salvarla de los miedos que aún la mantenían atrapada. —Aurora… —susurró, su voz grav

