Aparecí nuevamente en el departamento de Zoe, solo que afuera, toqué el timbre. Espere unos segundos hasta que la puerta se abrió. —Hola —saludé a Zoe. Ella se abalanzó sobre mí, abrazando mi cintura, aferrando fuertemente mi chaqueta negra y hundiendo su rostro en mi pecho. —¿Qué sucede?, ¿te encuentras bien? Asintió lentamente, la tomé del mentón y elevé su rostro. Sus ojos estaban rojos y pequeños, me encantaba verla así, débil, asustada, pequeña, sentía la necesidad de protegerla, de encerrarla conmigo en un cuarto para que nadie la viera, mis ojos se clavaron en los de ella. —T-tus ojos son v-verdes —tartamudeó. —Siempre lo han sido —le sonreí. La jalé un poco hacia arriba y yo tuve que agacharme para poder probar nuevamente sus labios. Para poder s

