Alonzo Raffael Vítale resultó ser lo que tanto temía. Un desgraciado insensible al que ni siquiera le importaba una pizca la vida de su progenitora. –¿Tienes a mi madre? –se carcajeó como si le resultara el chiste más gracioso del mundo– ¿Y eso qué? Por mí puedes llevártela al mismo infierno si así lo deseas. Pretendió darme la espalda para continuar con la ceremonia incluso en nuestra presencia, al parecer se encontraba muy confiado de que sus hombres podían contenernos hasta que todo ese sucio teatro acabara. Qué equivocado estaba, nada iba a ponerle frenos a mis locas ansias por tener a Lia de vuelta. –¡Ya me entregué a él! –la confesión de Lia cesó todo intento de batalla junto al proceder emocionado del Vítale. Este no pudo hacer más que quedarse tan pasmado como nosotros– –¿Qué

