CAPÍTULO 40.3

1918 Palabras

MIA ¡Me las iba a pagar! ¡Ese imbécil! ¡Me había sedado, me había enviado a casa sola y había dado la orden de encerrarme en su habitación! ¡Encima no tenía braga! Ojalá que no haya leído el bordado. ¡Que pena! De solo imaginarlo, mis mejillas se teñían de todos los colores y comenzaba a hiperventilar. ¡Todo por culpa de Misha Zakharov! Caí boca abajo sobre el colchón, metí mi rostro en una de las almohadas y tiré patadas a lo loco en el aire, respirando cual toro embravecido. Cansada de no poder siquiera lanzarme por la ventana, pues estaba muy alto, intenté mediar con el ayudante de mi captor una vez más. —¡Abre la puerta, Andry como te llames!. —Andry Vinográdov, señorita. Y no puedo hacer eso. —¡Te lo advierto, vino al grado! ¡Abre la maldita puerta ya! No obtuve ninguna r

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