JANE La última vez que sentí unas espantosas ganas de vomitar hasta mi hígado, fue cuando el tarado de Lucien llegó fumándose un porro a la casa en la que nos estábamos ocultando, había tomado una botella entera de whisky ambos olores mezclados eran insoportables. Esa vez estaba lloviendo a cántaros, por lo que Alek lo había sacado a jalones al patio para que no fastidiara. Más que hacerlo para fastidiarme a mí, creo que lo hacía para molestar a Vane, ya que ella pasaba por lo mismo debido a su embarazo. Una vez más estaba experimentando aquellas fatídicas arcadas, un incontenible frío y unos mareos del carajo que ni siquiera me permitían abrir los ojos. Sin poder siquiera moverme para darme calor, comencé a pedir ayuda. Una risa estruendosa me despertó al instante. Asustada y con

