LUCIEN Cuando entró en el auto, o más bien Aran la llevó, creí que sería una situación fácil de manejar. Era por lo menos un kilómetro para salir de lo que era la propiedad de Sergei, y así poder estar a salvo, lejos de toda amenaza. Hasta creí que sería sencillo, puesto que ella ni siquiera hizo el intento por moverse cuando le coloqué el seguro a las puertas y puse el auto en marcha. Estaba estática, sus manos se aferraban con ímpetu al asiento. Sus mentón iba sosteniendo su vestido para no mostrar sus senos, y en la oscuridad del asiento trasero, su temor era apenas percibido. Para que el clima no le siguiera afectando, le bajé al aire acondicionado, hice una pequeña parada y le lancé el saco que había dejado el antiguo dueño del auto, al cual por cierto tuvimos que matar por ser

