CAPÍTULO 54.4

653 Palabras

Media noche y el sueño se fue pasando. Me sentí en casa pese a estar en un lugar muy diferente, y despidiendome entre sueños del hombre que me había enseñado a amar, abrí los ojos con una sonrisa y lo vi. Lucien se encontraba sentado en uno de los sillones frente a la ventana, entre sus manos sostenía una botella de vino y en lugar de mirar hacia la perfecta imagen de la ciudad a través de la ventana, me estaba mirando con una gran sonrisa y admiración. —¿Todo bien, jefe?. Me acomodé sobre la cama. Asintió con una sonrisa luminosa. —Más que perfecto. —¿Y qué bebés? —Vino tinto. Cosecha del 62. ¿Quieres probar?. Mordí mi labio inferior y asentí, poniéndome de pie para ir hacia él. —¿Saliste?. —Ya estaba en la habitación. Le dio un sorbo a la botella antes de pasármela,

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