• ────── ✾ ────── • —Quédate quieto. Mi amargado, pero guapo esposo sonrió. —¿Realmente quieres eso?. Me moví sobre él y abrí la boca, cerré los ojos y lo sometí con más fuerza a la cama, presionando su pecho con mis manos. Se suponía que lo estaba curando, pero a media aplicación del antibiótico en su mano, me tomó de la cadera y me hizo quedar sobre él en la cama. Había que aprovechar que ninguno tenía ropa. Al menos fue lo que dijo. Sonrió y jadeó al mismo tiempo que su cuerpo temblaba y mis paredes se contrajeron, dándole lugar a una exquisita liberación, de esas que nos dejaban agitados, exhaustos y extasiados. Tomé su mano una vez recubre la compostura y seguí curando sus raspones. —Tienemos que ir a que te revisen los puntos del abdomen. —Están bien. —Estabas sang

