XLIII Cuando Olivia tomó la determinación de ir con su abuelito, lo hizo movida por mil sentimientos de ausencia que la embargaban ahora que recordaba su pasado. Sus padres se fueron sin que ella pudiera decir adiós y cuando los volvió a ver, eran masas deformes dentro de un fino cajón de cedro. Luego, cuando la secuestraron y la abandonaron, no tuvo la oportunidad de despedirse, o al menos decirle a Jeremy lo que pasaba, quien en ese momento era su único referente de amor eterno. Tampoco pudo hacerlo de su hermana, quien a pesar de todo y de no llevarse tan bien, era su familia. Ni de su abuelito, quien se dedicó a cuidarlas, a consentirlas y que tuvo que luchar contra sus propias tradiciones para aceptar que ella se fuera a vivir con su novio sin contraer antes matrimonio, todo porque

