Capítulo 4: El Trato

769 Palabras
A lo largo de tres días, ella pensó intensamente. Por la mañana, iba a trabajar a la cafetería como de costumbre, y por la noche, solo lloraba. Después de llamar a su casa, descubrió que todo lo que el hombre le había dicho era cierto. Su madre estaba gravemente enferma y en coma. Si él no hubiera organizado la transferencia de su madre y encontrado un médico hábil, ella podría no estar viva ahora. Hoy era el día en el que ese hombre le dijo que vendría por su respuesta. Terminó el trabajo y se apresuró a regresar a su habitación, temerosa de que él no la esperara y pudiera perder esta oportunidad. *** A las cinco y media de la tarde... ¡Click! ¡Cric! Ella abrió lentamente la puerta de su habitación y lo encontró sentado en el mismo lugar. Hoy, él parecía estar de muy buen humor. —Señor Mackie, ¿ha estado esperando mucho?— Ella trató de hablar con calma, temerosa de hacer algo que pudiera desagradarle. Si lo molestaba, él podría negarse y retractarse de su palabra. —No mucho. —Oh, está bien. ¿Le gustaría un poco de agua? Le traje un matcha helado. —No tomo matcha. —Oh, está bien. ¿Le gustaría algo más? Puedo salir y comprárselo. —No es necesario. —Está bien, señor Mackie. Él miró su reloj de pulsera para comprobar la hora. —No tengo mucho tiempo. Necesito tu respuesta dentro de cinco minutos. Rápidamente, ella dejó el matcha y se puso de pie para enfrentarlo. —¿Hay algún contrato? —Los documentos están sobre la mesa. Ella recogió los papeles lentamente y comenzó a leer. A medida que sus ojos escaneaban los detalles, se abrieron de par en par por la sorpresa. Luego, él revisó los términos con ella nuevamente. —Primero, como mi compañera, recibirás un pago mensual de $30,000, sin incluir otros regalos o gastos que decida proporcionar. —Segundo, cubriré todos tus gastos, incluida tu matrícula, hasta que completes tu licenciatura. —Tercero, no debes tener relaciones con otros hombres. Si tengo otras mujeres, no debes de estar celosa o ser posesiva. Además, eres responsable de protegerte. Si te embarazas, no reconoceré al niño como mío. —Cuarto, me aseguraré de que tu madre reciba el mejor tratamiento posible, sin importar lo caro que sea. —Quinto, debes obedecerme y hacer lo que te diga. No debes llamarme ni enviarme mensajes a menos de que yo te contacte primero. —Mientras seas mi compañera, ¿hay algo que haya escrito incorrectamente o algo que quieras agregar? —N-no, pero ¿puedo pedir algo? —Dime. —¿Puedo seguir trabajando como siempre y volver a mi trabajo en el bar? Además, por favor, no dejes que mis padres sepan que acepté tu oferta... de ser tu acompañante. —¿Lo que te estoy dando no es más que suficiente para ti? —Uh, sí, es más que suficiente. Pero me preocupa que un día te aburras de mí y me dejes. Necesito tener ahorros. —Te permitiré seguir trabajando en la cafetería, pero no necesitas trabajar en el bar. Aumentaré tu asignación en $10,000, llevándola a $40,000 al mes. ¿Es aceptable? Ella dudó, mordiéndose el labio mientras pensaba profundamente. —No te muerdas el labio. Y mientras seas mi compañera, debes de cuidarte. —L-lo siento. Está bien, solo trabajaré en la cafetería. Y sobre mi madre... —Ya te lo dije, considéralo un patrocinio especial. No necesitas preocuparte. —Gracias. —¿Algo más? No tengo mucho tiempo para hablar hoy. —No, nada más. —Entonces, fírmalo. Ella asintió, tomó el bolígrafo, firmó su nombre y le entregó los papeles. —Todo está listo. —Mañana, alguien te recogerá a las nueve para un chequeo médico. También, haré algunos cambios en tu habitación. No te molesta, ¿verdad? —Uh, no. No me molesta. —Bien. Alguien arreglará tu habitación mañana y vendré a verte de nuevo. —Entendido. —Prepárate. Vendré después de terminar mis compromisos mañana. —Sí, señor Mackie. Él habló secamente y luego, se fue. Tan pronto como la puerta se cerró detrás de él, ella se desplomó en el suelo, sollozando. —En serio tengo que ser su compañera, ¿verdad?— sollozó. Las lágrimas corrían por su rostro, mientras el arrepentimiento llenaba su corazón. Odiaba la idea de perderse a sí misma por un hombre al que no amaba, pero por el bien de su madre, sentía que no tenía otra opción. —Lo siento, papá Samuel... mamá Patricia...
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