Un juicio que no fue tal, sino una pantomima orquestada por la televisión, que a diario repetía una y otra vez en todas las cadenas sobre mi culpabilidad, aún sin haberse dictado sentencia. Unas consecuencias devastadoras, que en absoluto se justificaban con mis hechos. Es cierto, que a lo mejor si estuviese en otras condiciones físicas o mentales podría haber hecho más, puede, pero lo que no me podían hacer responsable es del exceso de velocidad de aquella mujer, de que se hubiese salido de la carretera y estrellado contra un árbol. Eso fue lo determinante para su muerte, y no tanto lo que pude o no hacer, pero esa parte nadie la quería ver, ni siquiera mi abogado defensor, argumentando que el juicio empezaba justamente cuando yo me había acercado al coche e identificado como médico ant

