CAPÍTULO 2. LA CRUZ En mi empeño por combinar el tipo de vida que hasta ahora llevaba, o más bien por adaptarme al cambio que en mí se había producido, mantenía un antiguo deseo a medio camino entre la inocencia de un niño y la fe. Se trataba de ir recorriendo todos aquellos lugares en donde, según la tradición existen objetos de gran importancia, pero no estaba interesado únicamente en hechos históricos, como la constitución americana o cualquier otra, ni siquiera me limitaba a visitar bastiones y castillos que tuvieran una importancia estratégica y militar en el desenlace de una determinada guerra. Mi interés estaba por encima de aquellas edificaciones y monumentos, iba buscando lo extraordinario, algo que me pudiese dar pistas de lo que había tras la muerte. Quizás fuese una obsesión

