Al principio no me di ni cuenta de ello, pues no solía hablar demasiado de mi pasado con lo que evitaba que me preguntasen sobre mi procedencia o mi familia, así que para evitar tener que dar demasiadas explicaciones omitía hablar de mí y lo vivido, pero empezaba comprobar esos efectos y no sabía ni el motivo ni cómo superarlo. Luego me di cuenta de que a mitad del cuento me empezaban a fallar las palabras, ya no sólo es que se me pudiese olvidar el diálogo entre los personajes de una narración que podía haber contado en un centenar de ocasiones, sino que en la narración me quedaba atascado y no sabía seguir con la siguiente palabra, a pesar de ser esta de lo más sencilla de pronunciar. No se trataba de ningún trabalenguas o alguna palabra técnica que justificase ese fallo del habla, sin

