Al principio me era difícil pues no me había enfrentado antes a la tarea de tener que incorporar enseñanzas en unos cuentos, algo que me había costado tanto darme cuenta de que estaban presentes y ahora voluntariamente quería adaptarlo. Tras mucho intentarlo me di por vencido, viendo cómo eran tantos los cambios introduciros para poder decir lo que se supone que quería contar, que se perdía el hilo argumental de la narración. Las pequeñas anécdotas parecían ahora una lección de clase en lo que únicamente cambiaban los personajes, siendo ahora más fantasiosos y sorprendentes, pero poco más. Sólo me quedaba preguntarles al final de la narración a los pequeños para saber si habían comprendido adecuadamente la lección, ¡ese no debía de ser el método!, tenía que ser algo más sencillo e inclu

