-Dilo otra vez...- mis labios besaban los suyos lentamente. Pero como supuse, él no lo haría, sabía exactamente como hacerme perder la cabeza, y comenzaba a molestarme la manera en que me hacía sentir, como si le importara, como si fuera especial. Sus manos acariciaron mi cintura lentamente y dejo un camino de besos hasta mi clavícula, una y otra vez. Siempre que estábamos a punto de hacerlo. entonces yo retrocedía, si el tan solo me quitaba lo único que me quedaba, entonces estaría perdida. - ¿Por qué no me hablas? Me gusta escucharte Gunther. - se detuvo y apartándose un segundo me miro a los ojos sin ninguna expresión en su rostro, sonrió escuchando una pequeña risa, ¿qué le daba tanta gracia? -Hablo enserio Gunther. no lo entiendo... si ya me has hablado, ¿por qué no lo haces otra

