Hoy es sábado, pero no cualquier sábado, si no el día tan esperado por la mayoría de los estudiantes del último año de preparatoria. La gran graduación, el cierre de una etapa, la noche en que varios se meten en situaciones fuera de lo común, es la despedida, pero no hay que llorar o lamentarse, si la amistad o amor es verdadero y se trabaja, por mucha distancia que exista, perdurará. Pero dentro de ese aire nostálgico también está el tono alegre y feliz, la emoción por las puertas que se abrirán y el futuro incierto, pero alucinante. Y esta noche es para celebrar, para pasarla bien con amigos, familia (mi hermano) y novio, claro, cuando sea hora de irnos al puente para "ponernos astrales" con alcohol barato. No me siento lo suficientemente bien como para embriagarme, aunque sé que habrá

