Capítulo 5

3361 Palabras
Sentada en mi sillón favorito (el café desgastado), reproduzco por quinta vez el video. Mis r************* son escasas, tengo cuenta en i********: y f*******:, uso más la primera, pero después de un descubrimiento fatídico en el pasado, decidí pasar más tiempo en la vida real que en la virtual. Desde el sábado evité entrar a las redes, primero, porque el sábado estaba impactada por verme proyectada frente a todos; segundo, porque el domingo estuve todo el día ocupada y tercero, porque mi una profunda parte de mí no se sentía lista para enfrentar lo que se dijera de mí. Y ahora resulta que el video no sólo se proyectó en la escuela. La persona responsable no se contentó con humillarme frente a mis compañeros si no creó una cuenta de Youtube falsa a mi nombre y lo subió a la plataforma. Estoy circulando en el jodido internet. Oh, mierda. En este momento me debato entre aplicar la de: ¡Mamá, salí en televisión! O la de: Mi mundo se acaba de desmoronar. Y es que no logro entender cómo es que un estúpido video de una chica declarando su amor haya logrado llegar a las cuarenta mil vistas. Porque sinceramente, si yo viera que alguien anónimamente confiesa amor y al mismo tiempo manda a la mierda a su crush, no me interesaría. Menos mal no son tantas visitas, espero que en poco tiempo todo haya desaparecido. Juro que jamás me creé una cuenta en Youtube, seguramente quien lo hizo no tardará en subir otro video. El primero en la lista es el de Fabrizio, si sale a la luz todo lo que digo en esos seis minutos y medio, Fabrizio sabrá que efectivamente, fue mi crush y además algunos imbéciles van a salir perjudicados. Si las cincuenta mil personas se enteran de lo ocurrido...bueno, los involucrados van a querer crucificarme. No digo nombres en algún momento, a veces no es necesario hacerlo. —Dime que no te ha dado un ataque o algo —André se acerca con dos tazas de café, en cuanto le dije donde se encontraban los ingredientes, no dudó en hacer para ambos—. Te ves muy pálida. Te traje el café sin azúcar, te sentirás mejor. Le agradezco el gesto de todo corazón. Soy una idiota por invitar a un extraño a casa, pero confío en él. No sé si fue su buena fe al querer evitar mi s******o imaginario, o su preocupación cuando me caí y me llevó al hospital. Tal vez sólo es que no puedo pensar bien porque tengo atrofiado el cerebro, pero de cualquier forma, algo me hace confiar ciegamente en este sujeto extraño. —La palidez es por otra cosa, pero el café seguro me hará bien —doy un sorbo y siento la boca arder, en este momento, no me importa—. ¿Por qué alguien haría una cosa así? No he sido una hija de puta con nadie. Mira, fui una tonta al grabar ese video, planeaba hacerlo llegar a los involucrados cuando ya no estuviera aquí para que me reclamaran —suspiro suavemente—. Pero recapacité y destruí los videos. Dejo de reproducir el video, ya me harté de ver mi rostro burlón, me veo bien, debo admitir, pero me da pena. ¿En qué estaba pensando cuando grabé eso? Ah, sí, ya, tenía el corazón y el espíritu roto. André se sienta a mi lado mientras toma un sorbo de su taza. No me incomoda su cercanía, pero su brazo musculoso está tan cerca del mío que puedo sentir irradiar su calor. Discretamente, me distancio un poco, un centímetro cuando mucho. Trago saliva antes de beber un poco más antes de armarme de valor para leer los comentarios. "¡Qué valor tienes! Espero la primera confesión." "Ah, oc, a nadie le importa, amiga." "Eso, si tú puedes superar a tu crush, todas podemos." "¡SIGUE!" "Qué oso, quiérete." "Adoro las historias de amor." "Sube pronto las confesiones." Necesito fingir mi muerte y desaparecer. Ayuda. —Cuando lo vi en una página de f*******: lo iba a pasar de largo hasta que vi que se trataba de ti —André me mira entre con pena y diversión—. Incluso te seguí y todo, no sabía que se trataba de una broma. Creo que tienes talento —le lanzo una mirada molesta—. Vale, no te enojes. Volteo los ojos, no me enojé, no en serio al menos. Me sentí segura al grabarme porque sabía que nadie más que yo y otras cuatro personas lo verían. No es porque tenga talento en eso. Ay, santa papaya, lo que más me aterra ahora es saber cuándo se subirá el otro video. Y en qué orden los subirá. Entro inmediatamente a f*******: e i********:. Me sorprendo al ver que tengo tantas solicitudes de amistad que ni siquiera las puedo contar, sólo sé que son más de 99. En i********: las cosas son mucho peores, antaño tenía ciento catorce seguidores, ahora llevo tres mil seiscientos, ¿qué carajo? Mierda, debí poner mi cuenta privada. Digo, tengo pocas fotos, pero algunas son de pijamadas, de expresiones ridículas y una de mi perro quien falleció hace tres años. No estoy de humor para eliminar de mis seguidores a todos los que no conozco y menos si son tantos. —Tengo tres sospechosos, pero ninguno me parece viable —le digo después de lanzar el teléfono al sillón de enfrente—. Lo que menos quiero es que salgan los otros videos, no digo nombres, pero menciono cosas que podrían quemarme. Además que seguramente afectaré a otros. André se limpia los labios con una servilleta mientras asiente con la cabeza. Me debato entre preguntarle qué hace aquí. El pueblo de Velaria es un poco aburrido, un atractivo motociclista como él... espera, ¿qué? No, atractivo no. No es momento de andar buscando buenos atributos en un hombre fuerte, atento, amable y gentil que está sentado en la sala de mi casa. j***r, ya me volví loca. —¿Por qué sospechas? —Tuvimos algún descontento en el pasado, pero nada que amerite la humillación ocasionada. Nos miramos durante un par de segundos, luego me levanto y camino. De pronto me he sentido cohibida, no sé pero me he puesto un poco nerviosa. —Bueno, será complicado dar con el responsable, ¿no? —dice desde el sofá—. Y si das con él o ella, ¿cómo lo convencerás de que elimine los videos y la cuenta? Buena pregunta. No lo sé. No soy partidaria de la violencia, no me gusta amenazar ni siquiera. Tal vez Demi tenga alguna idea, ella es la creativa en esta amistad. —Primero quiero descubrir al responsable. Justo cuando siento que el momento se volverá incómodo, llega Christian a la casa. No es normal, tiene práctica hasta tarde. Pego un brinco de gato en cuanto escucho la puerta abrirse de golpe, casi caigo encima de André quien por suerte evita mi caída. Escucho las llaves ser colgadas, la puerta cerrarse y entonces mi hermano aparece para ver una ridícula escena en la que intento mantener el equilibrio. —¿Qué es esto? —dice extrañado—. ¿Quién es ese? —Él —respondo recalcando la palabra—, se llama André, es un amigo —ahora me dirijo a mi nuevo amigo—. Él es mi hermano Christian, es menor que yo. André se acerca y le ofrece la mano a mi hermano, pero este solo lo mira con irritación y le da un asentimiento de cabeza. Luego sube las escaleras y nos deja. Vaya, qué extraño, no hemos hablado de mí video, no sé qué piense, espero que no esté enojado. —Creo que me iré —sí, creo que es lo mejor—. Fue un gusto verte. —Gracias por el aventón —le dedico una sonrisa—. Y por informarme de este desastre —señalo el teléfono—. Con más razón buscaré al culpable de esto. De improviso, toma mi mano y besa el dorso. Estoy tan impactada que no sé ni qué hacer o decir. Un hormigueo recorre mi brazo, es un gesto tan sencillo que me quedo paralizada. —Ahora que eres famosa y toda una celebridad no sé si aceptes darme tu número. ¿Mi número? ¿Cuál número? Ah, sí, claro. Sacudo levemente la cabeza y finjo que todo está bien y que en ningún momento me bloqueé. Me pasa su teléfono, anoto el número y me despido. Lo veo alejarse de la casa rumbo a su motocicleta, lo veo ponerse el casco, montar el vehículo y encenderlo. Antes de irse, levanta la mano a modo de despedida, hago lo mismo en respuesta. Una vez que cierro la puerta, me doy cuenta que estoy sonriendo como colegiala ingenua. Una vez que termino los deberes, me dedico a investigar a mis tres sospechosos. Desde mi cuenta, me meto a la cuenta de Carlos para seguir cada uno de sus movimientos. El sábado estuvo en la ceremonia, veo una foto de él con dos de sus amigas. Hacen caras graciosas y parecen burlarse del director quien está subiendo al estrado. Eso fue poco después de las ocho de la mañana, después no tiene más fotografías. Reviso su actividad del día en que me deshice de la USB: todo normal, estaba en un estudio de danza a las cuatro de la tarde, parece que estaba llegando pues en la descripción se lee: "Listo para romperla." No tiene sentido que saliendo de su clase de danza fuera hacia el puente. Llegué al puente alrededor de las cuatro, suponiendo que alguien vio lo que hice, tendría que haber estado en el puente al mismo tiempo que yo. Ay, no, qué idiotez. La siguiente es Estela, ella tiene un complejo de celebridad que nadie le podrá quitar. Sube al menos cinco fotos al día y la mayoría son de lo que come, de ella en traje de baño o de la alberca. El día sábado subió una foto a las nueve cincuenta y nueve de la mañana, están Fabrizio y Joelle subiendo al estrado, en la descripción, Estela muestra su desacuerdo: "El fútbol está sobrevalorado, los demás deportes son incluso más interesantes, merecemos estar en su lugar." Imposible que ella pudiese proyectar mi video, debería ser Flash. Sin embargo, noto algo raro, el día que fui al puente, Estela sólo subió una foto y fue hasta la noche. Es una fotografía de la luna llena, no tiene ni descripción. Todos los días siempre presume que va a nadar y que ya es hora de entrenar y no sé qué...excepto ese día. Bueno, no hay que sacar conclusiones tan rápido, tal vez no fue a entrenar porque tuvo cita en el médico, o tal vez sólo no tuvo ánimo de subir fotos. La última es Romina, ella no subió nada el día sábado. Sin embargo, el día lunes subió una fotografía en donde está con un amigo de teatro; ambos están en el auditorio de la escuela y aunque no haya descripción, sé que está en el taller, pues Demi también va y por ella sé que las clases son lunes y jueves. En resumen, sigo en blanco. La respuesta a todo es sencilla; necesito un hacker. Sólo que no sabría conseguir uno. Tal vez lo mejor es dejar que los videos salgan a la luz. Las identidades de los crush son desconocidas, jamás dije un solo nombre. Algunos se darán cuenta por la descripción y así, pero no importa. Sin evidencia, no hay sentencia. Es todo, no veo salida, hay que dejar que todo fluya. Dan las cinco de la tarde y muero de hambre. Papá dijo que no le dio tiempo de cocinar, que tendríamos que preparar la comida por nuestra cuenta. A eso se refiere más que nada a mí quien soy la única que se queda en casa todo el día, pero siempre he detestado cocinar, soy mala. O queda muy salado o está insípido. O le faltó tal ingrediente o ya se condimentó de más.  La cocina no está en mis genes. Bueno, mi hermano llegó temprano, supongo que no ha comido. Dudo mucho que quiera preparar algo aunque él sacó los genes de papá y es bueno en el arte de cocinar. Creo que estaría bien romper la rutina, al fin y al cabo es lunes, debemos empezar endulzando la semana para aguantar. Subo las escaleras hasta llegar al cuarto de Christian, su puerta está cerrada. Desde siempre fue fanático del Hombre Araña no por nada hay una estampa de telaraña en la madera. Toco la puerta dos veces antes de entrar. Oh, perfecto, ni siquiera escuchó. Tiene puestos los audífonos y está metido de lleno en la computadora. j***r, digo su nombre y no me hace caso. Perfecto, si un asesino loco se mete a la casa para matarnos, este menso ni se entera. Me acerco a él, le toco el hombro y del susto cae de la silla. Suelto una risita, pero lo ayudo a levantarse. —Estaría bien que te descubrieras aunque sea un oído —digo sarcástica—. Así si hay un ataque, sirve que te enteras. Se sacude la ropa una vez que está de pie. Uy, como si se ensuciara mucho en el suelo de su habitación. Trato de no rodar los ojos. —Estaba concentrado viendo esto. Señala la pantalla del ordenador y suelto una maldición. Es mi video en Youtube. Trato de no entrar en pánico de nuevo. —Mira, te invito a comer a Delicia —comento restándole importancia al video—. En el camino te cuento la historia completa. Te juro que no cree el canal y menos aún subí el video. Christian se encoge de hombros y un mechón de cabello oscuro cae sobre su frente. Le hace falta un buen corte. —No tienes que darme explicaciones, pero una invitación a comer jamás se niega —se acomoda el cabello y toma su chaqueta—. Sirve que no cocinas porque te sale del culo. Gracias, aunque nunca he probado culo. Delicia está solitario, apenas cuatro mesas se hallan ocupadas y cuando mucho hay dos personas por mesa. No sé si sea la hora o tal vez todos se pusieron de acuerdo para no venir. Por mí está bien, sirve que nadie me reconoce. Espero. Mi hermano pide una hamburguesa de arrachera con queso extra y tocino. Además, pide que las papas a la francesa contengan una orden de chilli. Cada quien es dueño de lo que come, tu cuerpo es un templo...pero el de él es un templo azteca con masacres, sangre y caos. Yo pido untrozo de lasagna con ensalada. Y para acompañar, obviamente y como es de esperarse, una malteada de cajeta. —Con leche deslactosada por favor, Ruthy. Ruthy me mira con extrañeza, pero asiente ante la petición. Mi hermano, en cambio, me lanza un mirada preocupada mientras entrega la carta. —¿Problemas estomacales? —Sí, sí —le quito importancia con una mano—. Da igual. Entonces, ¿por qué llegaste temprano hoy? —¿De verdad no te sientes muy mal? Trato de no resoplar exagerada y montar una escena en maldito público. Porque si hay algo que me exasperé y haga enojar, es que perseveren con un tema aun cuando uno ha dado por zanjado el asunto. —Estoy jodidamente bien —siseo y mi hermano rueda los ojos—. Te hice una pregunta. Christian levanta ambas manos en señal de derrota, sólo bufa casi con sarcasmo y rasca la punta de su nariz. —Sólo te digo si me dices quién es el tipo que fue a la casa —asiento con la cabeza—. Es que Sandra Mora, la de atletismo, quiso salir conmigo, o bueno, la invité a salir y dijo que sí. Ajá, ¿luego qué? Alzo las palmas de las manos en actitud interrogante. No entiendo la relación de salir con la de atletismo y faltar a su práctica de soccer. —Es una tontería, quedamos en salir hoy porque ella no tiene entrenamiento y fuimos al centro comercial —eso no explica la razón por la que llegara temprano—. Y ya. Una de dos, o no me quiere decir qué hizo en realidad o su cita con la tal Sandra fue un fiasco porque dudo que durara más de media hora. No digo palabra alguna, sólo lo miro con la cabeza ladeada y una ceja arqueada. —Bueno, te digo, pero no te enojes —¿por qué habría de enojarme?—. Sandra aceptó salir conmigo sólo porque quería saber quiénes son los del video. Tu video. La mandé a la v***a cuando me preguntó. Ah, claro, tiene sentido. Oigan, qué pésimo gusto de la atleta, no utilizas a la gente, no está bien. Aparte, pinche vieja sin cojones, bueno, ovarios. Si tanto quiere saber la identidad de los idiotas, que me pregunte de frente. Vaya, no creí que afectara también a mi hermano. —Lo siento, de verdad —no puedo ni verlo a los ojos—. Cuando grabé el video no pensé que fuera a proyectarse y menos aun a subirse a internet. —Lo grabaste por algo, ¿pensabas tenerlo escondido por siempre? Ay, de nuevo llegamos a la encrucijada. Es mi hermano, nos hemos distanciado y mayormente por mí, pero eso no significa que no exista confianza entre nosotros. Vale, será vergonzoso, pero alguien tiene que saber el secreto. —Planeaba enviarlo cuando ya no estuviera aquí —él arquea un ceja—. Me dio el bajón, recién me enteré de algo de un imbécil del que me enamoré y pues me pareció buena idea. No sé si conozcas a todos los involucrados son Fabrizio Dolce, Joelle Linares... —¡¿La campeona de matemáticas?! Este pendejo, no bueno, si quiere ya mejor que lo grite frente a la escuela. Me tenso de hombros y volteo a ver alrededor, nadie parece prestarnos atención. El inútil de Christian me mira como si de repente emergiera una segunda cabeza de mi cuello. —¿Te enamoraste de una mujer? Ay, niño intenso y exagerado. Pues fue muy linda y es inteligente, es mucho mejor que otros idiotas que sólo piensan en beber, fumar y hablar de chichis y nalgas. —Ya, está bien, no te juzgo —su impresión fue una forma de juzgar, pero no pienso decirle—. Es que no me lo esperaba. —Los otros fueron David Romero y Abel...Cruz. Creo que sí se apellida Cruz, pero no estoy tan segura. —Vale, te prometo que no diré nada —mi hermano alza la mano y con un cierre invisible, sella sus labios, hasta me sonríe—. ¿Puedo ver el video? ¿O sea los de cada uno? Obvio no, hice cosas con esas personas que no permitiré que mis familiares se enteren. No son tan malas, no cometí crímenes graves, pero tener sexo y fumar mota no es algo que tu hermano tenga que saber. Además, aunque quisiera, no podría enseñárselo. —No —al ver su rostro desanimado, agrego—: Me deshice del video, no tengo copias. Para cambiar de tema a noticias más alegres, quiero decirte que fui aceptada en la Universidad de Mazca. La boca y ojos de Christian se abren con sorpresa, se ve muy gracioso. Voltea a ver a su lado como para intercambiar miradas con alguien imaginario, pero al encontrarse con el vacío, regresa su mirada a mí y suelta una carcajada. Antes de que me pueda decir algo, nos vemos interrumpidos por Ruthy quien trae la comida. Una vez que nos han servido, mi hermano empieza a preguntar, pero una voz femenina lo interrumpe. —Buenas tardes, Brisa, disculpa la interrupción, pero me urge hablar contigo. Mi hermano y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la persona. Se trata de Joelle, quien está muy elegante y me mira como si me quisiera asesinar.
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