Capítulo 5. Plan A: Un viaje en autobús

2847 Palabras
No puedo quejarme de lo todo lo que paso en el transcurso del viaje. Aquello es como un sueño hecho realidad, es como un momento pleno y agradable, es como si el cielo me ha dado la dicha y me ha permitido recibir uno de mis grandes deseos. ¿Cuál es ese? Escuchar al amor de mi vida pasar el tiempo. Los susurros en sus lecturas se hacían cada vez un poco más altos, no para los demás pero si para mí. Las suaves palabras de las acciones de los personajes que más le agradaban. El sujeto McTroy la hacía suspirar, no puedo molestarme por un personaje ficticio, aun así sentía ese sentimiento de tener el estómago revuelto por no ser yo ese hombre capaz de hacerle sacar esos suspiros. Las acciones que el hacia la enamoraban y aunque a mi parecer eran unas tonterías más básicas, yo sería capaz de hacer cada una de las cosas que hico McTroy para enamorarla. Cuando ella se había cansado un poco de leer, o más bien su vista, había decidido comenzar a escuchar música, empezó a relajarse y dejarse llevar por la tonada, sus movimientos comenzaron hacerse presentes cuando se movía de un lado a otro por la suave música. Cada cambio de música es una actitud diferente, podía ser una gran Rockstar o quizás una cantante de ópera en un gran auditorio, quizás ella no tenía el talento, pero su presencia podía llenar estadios, quizás no es necesario que los llene, porque aunque nadie más asistiera, ella siempre contaría con mi presencia. Había comido muchos dulces pero a su debido tiempo, y una que otra comida, incluso me tome el atrevimiento de dejarle un almuerzo completo sin que ella se diera cuenta. Había estado queriendo mirar a todos en el autobús para saber quién fue, sin embargo mi postura dominante y dormida, le hizo saber que todos yo no era el indicado. Me sentí bien porque ella no logro ver mi rostro cuando ya sabía que yo no lo había dejado, aunque dejaría en su puesto toda la comida que ella deseara. Sus ojitos se seguían iluminando cuando pasábamos por cualquier lugar, parecía un niño pequeño bajo la emoción de ir a su destino deseado, y aunque ella no sabe que es lo que le deparara este cambio de ciudad, ha mantenido toda la actitud posible para imaginar que todo estará bien. La escuche susurrarlo como un mantras, es como si no sabe si esta haciendo lo correcto, pero es la única posibilidad de vivir bajo una estabilidad. Debra no sabe que toda su estabilidad está comprendida a cada una de las acciones que he hecho, toda su vida puede estar planeada por mí y ella no lo sabría, más sin embargo, verla bajo esa hermosa libertad de su cabello hondeando por el viento, es más que satisfactorio. Mi propósito es brindarle todo lo que pueda a Debra y que ella aun así, decida quedarse a mi lado.     Estoy de camino al departamento, me había dado tiempo de que ella tomara el rumbo antes de que yo lo hiciera, quería que tuviera la opción de que ella admirara a lo que estará rodeada. Estábamos pasando a Chicago, quizás no en una zona maravillosa, pero en donde estaremos viviendo puedo considerar que es casi 3 a 4 veces mucho mejor que donde estábamos. Realmente cualquier cosa es mejor que donde estaba viviendo, pero para Debra es mucho más que un logro. Abro la puerta y me quedo admirando todo a mi alrededor, lanzo la mochila al suelo y no detallo nada más que las ventanas, salgo corriendo para poder divisar cada una de ella y poder ver cuáles son las que dan al edificio de en frente. Me detengo en cada una de ellas hasta que lo consigo. Mi niña está tocando cada una de las superficies que consigue, ya sea madera, metal o hasta plástico. Parece feliz por las diferentes expresiones que tiene en su rostro, a veces abre más sus ojos e incluso  sus labios muestran la mueca de asombro. Busco por toda la habitación el telescopio y lo coloco cerca de la ventana, busco el ángulo perfecto y comienzo a seguir sus pasos. Este lugar a diferencia del anterior es que las distancias son mayores, antes la calle parecía un callejón, ahora son transitadas, vehículos cerca de las aceras y algunas personas andando de un lado a otro con bolsas en sus manos o pasando el rato. Soy una persona excesivamente observadora y aunque pareciera que no me detengo a admirar cada uno de esos pequeños detalles, sí que lo hago. Las personas aquí son un poco diferentes, algunos parecen más serios que otros y los niños tienen grandes abrigos. Necesito estar seguro de todo lo que pueda requerir Debra, ella no tiene mucho equipaje abrigado, lo sé porque se cada prenda que había en su guardarropa, aun así no es que en donde estabas hubiera mucho frio, pero a diferencia de esta ciudad, si lo hay. Ahora que la estoy viendo abrir un bolso, tengo la intriga de saber qué es lo que sacara. No tengo muchas opciones de vistas en este lugar, por lo que debo comenzar a actuar rápido cuando ella salga. Cámaras, audífonos y todo lo que me permita tener una mejor visión y audio de ella, necesito tener ángulos de todo lo que hará en su día, o por lo menos de lo que hará dentro del departamento. Pero más allá de lo que estoy pensando, ella tiene un semblante tranquilo y relajado. Quizás se deba a que ya ha leído los papales que estaban en la entrada de su departamento, en donde queda claro que ese lugar es de ella, aunque algunas cláusulas me dejan a mí como dueño, sin embargo no aparece mi nombre. Es contradictorio pero así lo han hecho y aunque no me encuentro del todo satisfecho, aun así siento esa satisfacción que ella está usando una propiedad que me pertenece, ella está usando lo que yo le estoy dando y no hay rechazo de su parte, y para mi persona, el avance es inmenso. Dejo de ver por la ventana y me dispongo a recrear todo lo que tengo que hacer, se supone que yo ahora tengo que ser la persona que ella necesite a su lado, la persona que añore tener con ella, incluso si yo debo de dejar de ser este hombre obsesionado con ella, por lo menos en apariencia. Abro las dos cajas que había enviado y también mi bolso con las pocas pertenencias que tenía. Camine hacia el área de lavado y meto al ropa en la lavadora. Dejo que ese artefacto haga su trabajo y saco cada una de mis armas. Las ordeno en el suelo ubicado en la esquina de una de las paredes a mi izquierda. Todas van de mayor a menor peligro. Saco el dinero y lo meto en el bolso n***o, los del banco no me han dicho nada por sacar esa suma, y creo que por el momento ese dinero en efectivo me ayudara por un tiempo hasta que quiera sacar un poco más. Mis trabajos están intactos, ya no estoy en ese distrito así que empezare a trabajar en esta área, casualmente el hombre me consiguió estos lugares porque aquí es donde tiene otras deudas que saldar y a mí en mi parecer, me venía bien. Voy hacia lo que debe ser mi habitación, le doy un vistazo rápido porque mi ser está conforme con el hecho de que este equipado, y como está el mío debe estar el de Debra. Ella necesita de todas esas comodidades que antes no tenía, ella necesita saber que puede tener mucho y no preocuparse por algo. Ahora que el departamento es suyo puede tener libertades, y ahora que yo estoy viviendo como una persona decente que puede costearse un departamento, tengo la oportunidad de poner en marcha mi plan. Abro la puerta del baño y lo primero que veo es el espejo, mi reflejo no es lo mejor que puede existir, incluso me encuentro desechable y poco atractivo, es fácil admitir que una persona quiera estar conmigo, solo basta con que las personas me vean para que se alejen. Mi atuendo no es el mejor y mi apariencia tampoco lo es, quizás es momento de hacer un cambio. Abro la puerta que se esconde detrás del espejo y encuentro una tijera, abro un cajón en la parte de abajo y encuentro unos cuantos peines, saco uno mi lo dejo a mi costado, quito mi camiseta y empieza mi faena. Comienzo a cortar mi cabello largo, poco a poco está cayendo y aunque no tengo el conocimiento de poder cortar el cabello como tal, aún recuerdo cuando mi padre me hacía cortarle el cabello a él. “Debes aprender a mantenerte solo, cabrón” No es que me guste ese término para mí, nunca hice nada malo, no hasta que pude hacerlo claramente, pero quizás lo que medio ser por ahora me basta para cortar mi cabello. Las tijeras son afiladas, corte tras corte hago que mi cabello quede más al ras, quede más corto y con mas forma. Mi apariencia cuando corto mi cabello cambia de forma drástica, ahora que tengo mi cabello corto puedo tener una opción más fiable y quizás una presencia que pueda cautivar mucho más. Abro de nuevo el cajón del espejo y saco lo que puedo divisar como una afeitadora, tomo una bocanada de aire y cierro el pequeño armario dejando de nuevo el espejo, abro el grifo y comienza a caer el agua amontonando mi cabello cortado en la parte del pequeño desagüe.  Tomo el jabón y lo meto para hacer espuma y luego lo paso por mi barba, dejo todo lleno de espuma de jabón y comienzo a pasar la afeitadora. Poco a poco toda mi barba comienza a desaparecer dejando a la vista una nueva imagen personal de lo que puedo llegar a ser. Pasó por última vez la afeitadora para quedar completamente limpio de barba, mi piel es suave cuando paso mis manos tirando la afeitadora dentro del lavado. Sonrió mostrando una bonita sonrisa, ladeo mi sonrisa, y también lo hago cuando estoy de perfil. Termino de quitar mi ropa y decido que es momento de tomar una ducha para quitar todo el cabello cortado de mi cuerpo. No tardo mucho porque tengo que poner en marcha mi plan, sé que Debra no se va a quedar en casa por mucho tiempo por más que ella quiera, y aunque mi dinero le alcanza para muchas más cosas, ella es una mujer que tratara de buscar la forma de siempre tener y que no le falte. Así que si mis caculos no me fallan y sus movimientos son exactos, ella debe salir el día de hoy a buscar algún empleo o en su pesar, comprar algo para llenar la despensa, y allí es cuando yo debo actuar. Me baño rápidamente y salgo secándome con una toalla, no me preocupo en absoluto por mi desnudez ya que vivo solo, no tengo que esconderme de nadie y tampoco lo haría porque la única mujer que va a vivir conmigo va a ver cada lugar de mi cuerpo, incluso los lugares con las marcas en él. Y espero las ame, porque ellas no van a cambiar ni mucho menos van a desaparecer. Tomo algo de ropa limpia, me coloco un jeans n***o junto a una camiseta color azul y una chaqueta negra deportiva, unas zapatillas deportivas blancas. Arreglo mi cabello para que tenga ese toque desordenado, agrego loción para luego de afeitar y perfume. Cuando soy un hombre nuevo sé que es mi momento, pero no puedo salir corriendo porque algunas cosas deben pasar primero, por ejemplo, que ella salga de su casa. ¿Cuál es la ciencia de salir si ella no sale? Mi plan está en perfecto orden y cada uno estará calculado, corro a la habitación, tomo el reloj de pulso y me lo coloco. -Son las 4- digo viendo y alzando la mirada –Es hora de que salgas cariño ¿Por qué no has salido?- ladeo mi cabeza y la veo abrir la puerta del departamento y salir de él. Me tomo mi tiempo porque también debo dárselo a ella, no debemos cruzarnos con tanta rapidez, debe ser un encuentro casual, algo inesperado, algo del destino. Cuando salgo del edificio ella va mucho más delante de mí, la parada de autobuses esta solo a la vuelta y si estoy bien, ella seguramente la terminara tomando. Es mi momento de poner en marcha mi primer plan. “Plan A: Un viaje en autobús” Mi sonrisa crece cuando ella se detiene en la parada, estaba una pareja de señores adultos y ella junto a ellos. La veo dedicarles una sonrisa y preguntar algunas cosas mientras me acerco.  Mis manos están en mis bolsillos mientras mi rostro está bajo, mi mirada está en el suelo cuando me voy acercando. Dejo salir un suspiro cuando llego a la parada, mi corazón está latiendo como un loco de solo imaginar que ella está detrás de mí. Debo esperar unos minutos porque sé que debe pasar por lo menos en otros treinta más. Con un cambio de semblante y un poco de resignación viéndose en mi rostro me giro. -De verdad disculpen. Estoy perdido, se supone que debo tomar el transporte pero no sé si ellos van hacia mi destino- digo algo atareado pasando mi mano por la nuca. -Depende joven- dice la señora con suavidad tomando la mano de su esposo –Esta ruta te dejara por donde queda el subterráneo, si eso te ubica sería perfecto- mis ojos se abren y muerdo mi labio mientras paso mis dedos por el lóbulo de mi oreja. -Es que soy nuevo en la ciudad, se supone que estoy en busca de un súper mercado y me han dicho que esta ruta me sirve- me encojo de hombros mientras veo el reloj para verifica que tanto minutos faltan. -Yo también soy nueva, ando buscando que comprar pero por estos lares no hay nada- me habla ella, con tanta naturalidad. Los señores se nos quedan viendo y alzan sus cejas. -¡¿En serio?!- digo con asombro. Mis ojos se abren grandemente con emoción y es que eso es totalmente cierto. Mi corazón está latiendo como un loco del solo hecho  de saber que ella esta hablando directamente conmigo, es como si el supiera lo tan importante que es para nosotros que el solo hecho de que ella nos esté dirigiendo la palabra, es una locura. Trato de sonreír y dedicarle una suave sonrisa. -Soy Debra, un placer- ella extiende su mano hacia mí. Yo trago grueso saliva y extiendo mi mano para estrecharla. -Jhon- digo con una sonrisa que hace que ella me dedique una igual –Somos nuevos ¡Eh!- alzo mis hombros restándole importancia. -Todos unos aventureros- su sonrisa hace que sus hoyuelos se marquen. Es una imagen maravillosa de ella, no la borrare nunca de mi galería de imágenes. Estamos viéndonos fijamente cuando el sonido del autobús nos saca de nuestro mundo, la pareja de señores sube con total calma y luego nosotros. -Adelante- le doy el paso para que ella suba con algo de gracia. La mayoría de los puestos estaban ocupados y para mi pesar tuve que sentarme alejado de ella, pero no me interesa, pude por primera vez sentir el suave tacto de su mano en la mía. Su mano es tersa y delicada, no parece que estaba corriendo de un lado a otro con una bandeja en la mano, pero no es para menos, a ella le encanta usar cremas que hidraten su piel, ella es una maravilla y quiero que siempre tenga sus manos suaves y no haga mucho esfuerzo físico por un trabajo. Las personas se van bajando mientras que mi mirada sigue fija en la cabellera rubia a cinco puestos más adelante. Dejo salir un suspiro cuando ella se levanta y lo hago yo también por inercia, sus pasos son casi los míos. Pero aunque se lo que estoy haciendo no puedo dejar que ella se dé cuenta de lo que estoy haciendo, así que algo desorientado bajo del transporte y miro a mi costado derecho cuando sé que ella está en el izquierdo, y para disimular comienzo a caminar hacia esa dirección cuando sé que debo ir a la derecha. -¡Hey Jhon!- ella me grita y yo sorprendido trato de mirar a todos lados hasta encontrarme con ella, hago la muestra de asombro y una risita sale de mis labios cuando niego. -Este destino es un loco-  ladeo mi cabeza -¿Ahora?- hago la pegunta haciendo un leve puchero. -El súper esta por acá ¿Quieres venir? Aunque no tienes que hacerlo, quizás puedas verificar otros lugares- ella me comenta con una sonrisa y asiento para ir con ella.     Primer plan completado. “Plan A: Un viaje en autobús”
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