Capítulo 6. Un estúpido como yo

2163 Palabras
Sé que me he criado siendo un imbécil, un estúpido, un desagradable y malagradecido. Sé que lo soy además de un maldito con todas las de la ley. Y ahora es cuando me siento que dentro de todo, lo soy. La mayoría del tiempo trato de encontrar un equilibrio en mi vida, equilibrio que se ha visto afectado por la mujer que ocupa el edificio de enfrente, todo lo bueno que yo tenía se ha venido abajo, pero no me siento mal, no me siento pésimo, no, para nada. He tomado mis decisiones y siempre tengo que cargar con ellas, nada en la vida se me quitara de los hombros solo por yo abrir mis labios, he aprendió a tener que cargar con mis errores. Mi padre siempre me ha dicho que no debo tener temor a enfrentarlos y aunque a mi parecer si debo tener temor, aún recuerdo cuando él me lanzo a mitad de una piscina para que aprendiera a nadar. Era eso o ahogarme, aprendí a nadar porque tenía miedo, tanto miedo de morir que me rebaso mi conciencia. He aprendido todo en mi vida casi por hechos trágicos, aun me siento afectados por ellos pero sé que era por mi bien. Mi padre tenía una forma peculiar de ayudarme, entenderme y demostrarme que me ama, no puedo decir que tuve un gran padre, pero no estuvo ausente. No, no lo estuvo durante mucho tiempo, hasta que de repente el desapareció. No me ha interesado su paradero, no es mi problema en donde este, porque aunque me enseño lo necesario, no lo necesito ahora en mi vida. Pero ahora me siento como cada palabra sucia que me decía mi padre. Me siento en el borde de la cama mientras que mis manos están tomando mi cabello, mi cabeza esta hacia adelante y puedo sentir el sudor correr por mi espalda. Niego, niego y sigo negando con mi cabeza por la frustración, tengo tanto que decir y tan pocas palabras que sacar, no soy un hombre que hable demasiado, pero puedo saber tanto de todo que a veces me abruma. Mi conocimiento me consume, me carcome y me estresa.  No quisiera saber tanto, pero haberme hundido en los grandes tomos de libros para escapar de realidades crueles, me han hecho el hombre que soy ahora. Ladeo mi cabeza y me dejo caer en la cama, se supone que no debería hacer eso o papá entraría a azotarme, estar sudado en la cama era penalizado por mi padre, pero ahora necesito tener un momento conmigo. Me voy de lado y llevo mis piernas a la cama y las tomo entre mis brazos, la posición fetal siempre fue una postura para cubrir partes de mi cuerpo, pero estuve tanto tiempo así que ahora se me hace un habito cuando estoy en la cama. Espero que Debra pueda entenderme, pueda ayudarme y pueda ofrecerme su pecho para que mi cerebro descanse como debe. Mi amargura sigue subiendo causando que azote mi cabeza contra la cama con rapidez mientras que lloro de frustración. -No, no, noooo- aprieto mi mandíbula tan fuerte que puedo sentir mis dientes crujir en el área de las muelas. –Debí estar con ella- cierros mi ojos y golpeo el puño contra la cama –Maldito desgraciado- Siempre que algo bueno me pasa tiene que ser arruinado, todo en mi vida siempre es arruinado, maldito desgraciado hijo de puta, ese malnacido me hizo perder mi tiempo con mi chica. No soy un hombre tan azotador, tan grosero o lleno de ira. Pero justamente cuando tenía mi tiempo de estar con mi chica, cuando mi plan estaba casi intacto y finalizado, cuando ella estaba por tomar el rumbo a mi lado, mi teléfono comenzó a sonar. Mi rabia comenzó a crecer pero no podía decir que no, por lo menos no ahora, aún tengo muchas cosas que cumplirle a mi niña, a mi amor, a mi vida como para dejar mi vida de trabajo a un lado, aun así recordaba él porque estaba aquí, el porqué del motivo de habernos mudado y todo lo que me faltaba adquirir o heredar. No espero tener una vida plena como todos, pero espero poder conseguir un poco de paz, comida casera y amor a cada instante de la única persona que deseo, creo que todos tenemos el derecho a ser felices ¿Por qué yo no? ¿Acaso nací para sufrir? Deje a mi niña hacer su primer súper sola mientras asesine al imbécil con toda la rabia e ira que me consumía. El disparo en su cabeza me pareció tan gustoso que deseaba seguir girándome para asesinar a todos los que estaban escoltándome. Necesitaba poder sacar toda la molestia que me consumía, necesita dejar que eso llenara de fuego en mi interior. Dejar que Debra hiciera su compra sola puede ser una estupidez, pero para mí era un avance inmenso, incluso me dejaría llevar la compra a su casa si todo salía bien y tal vez, solo tal vez invitarme a tomar algo. Lo último no es algo seguro, pero sé que ella podría tener a un hombre como yo a su lado, que la acompañe, que la bese y la abrace, que la ayude y la busque en cada momento. Ambos nos necesitamos, sé que me necesita como yo a ella. Mi cabeza está girando, estoy casi mareado por todo la retención y presión que le he hecho a mi cabeza, mis ojos están pesados casi para cerrarse cuando me siento de nuevo y estiro mi mano hacia el cajón, esa pequeña mesa de noche es abierta para sacar lo que son  unos binoculares negros, abro las cortinas para poder ver lo que necesito. Hace cuatro días que no he visto a Debra cara a cara, mi tiempo se ha alargado más de lo que deseo, quisiera que todo se detuviera cuando estoy con ella, cuando la estoy mirando, apreciando, adorado. Mi lengua se pasa por mis labios de forma gustosa a lo que mis ojos están viendo, sé que ella aun cierra sus ventanas pero no puedo evitar mirar un poco por las ranuras que ha  quedado abiertas. Mi saliva pasa espesa por mi garganta seca, mis lágrimas quedan a medias siendo limpiadas por el dorso de mi mano izquierda, ella sigue bajando por el centro de mi pecho hasta quedar a la altura del inicio de mi jeans, quiero cerrar mis ojos y disfrutar de lo que imagino, pero de solo ver el cuerpo semi desnudo de Debra entre las cortinas me hacen querer pararme e ir hacia ella y tomarla como la mujer perfecta que es para mí. Voy hacia mi ventana mientras llevo mi mano hacia el inicio de me jeans y lo desabrocho para luego bajar la cremallera, mis jeans quedan a mitad de mis glúteos cuando saco mi pene ya duro. Quiero mirar, quiero seguir mirando pero sé que está mal, todo lo que estoy haciendo está mal, lanzo los binoculares al suelo mientras pego mí frente al vidrio de la ventana cerrando mis ojos. Mis persianas están abiertas dejando en todo esplendor lo que puedo hacer, sé que alguien puede estar viéndome y eso no es lo que me molesta, lo único que me molesta es que alguien pueda atreverse a ver a mi chica. Aun así no puedo dejar de mover mi mano sobre mi extensión dura y pesada de solo ver un poco de ella, no me pueden culpar, mi cuerpo reacciona solo a la mujer que tengo en frente, no puedo evitarlo ni siquiera a la distancia. Muerdo mi labio con fuerza casi sacando sangre, la punta de mi pene está muy rosada y las venas están sobresalientes, muerdo mi lengua con mis muelas mientras aprieto más mi puño buscando el pacer rápido para sentirme menos culpable. Mis ojos se abren en busca del departamento de ella, pero entre mi búsqueda mis ojos se quedan pegados a los de una mujer un piso más arriba de mi chica. Ella esta mordiendo su labio mientras que mi mano no se detiene de su faena, quiero que ella se quite de allí, que deje de mirarme, que deje de ver lo único que mi chica puede ver, pero no puedo evitar sentir que su mirada es de Debra. En ella solo veo a Debra, su labio se está mordiendo, mi boca se abre tratando de tomar grandes bocanadas de aire, mi mano se aprieta un poco más, mi izquierda se posa en el vidrio y luego se cierra en un puño cuando mis ojos siguen viendo de forma penetrante a la mujer desde el otro lado. Mi lengua se pasa por el vidrio cuando veo a Debra sonreírme mordiendo su mano izquierda mientras que la otra está perdida entre sus short cortos, mis labios hacen una mueca de sonrisa cuando veo a mi chica tocarse de solo verme.  Su rostro se contrae y la veo pegar su frente al cristal antes de alzar la mirada y ver como mi semen mancha el mío. Esta casi ahogada por la forma de sus labios, cierros los ojos tomando aire pero cuando los abro me quedo estático, miro a Debra que no es Debra, es una mujer cualquiera que no deja de mirar. Mi ira aumenta y mis fosas nasales se ensanchan con molesta cerrando mis cortinas con violencia apartándome de ella. No me lo puedo creer, no puedo creer que llegue hasta ese extremo. Debra estaba mirándome, lo sé porque pude verla, pero no era ella. Camino a pasos apresurados y me meto debajo de la ducha, el agua cae mojando todo a su paso, mi pecho, mi cabello y mis jeans, mi ropa interior e incluso mis pies. Paso mis manos por mi rostro tratando de limpiar todo lo que vi, tomo el jabón y lo restriego por mi cuerpo con violencia dejándolo enrojecido, paso mis uñas por todo el lugar logrando encontrarme sucio. -¡¿Qué hice?!- pego mi frente con rudeza en las baldosas repetidas veces hasta que veo como pequeñas gotas de sangre caen en el blanco suelo, y como al alzar el rostro la mancha de sangre es lo primero que capta la atención. Paso mi mano por mi frente y me arde, pero debo ser un hombre y cargar con mis consecuencias, todos los actos que pasan son mi culpa. El agua sigue cayendo por mi cuerpo, la sangre por mi rostro y luego es arrastrada por la misma agua, el jabón ha caído al suelo desde hace ya diez minutos en que mi frente sigue pegada a las baldosas. Alzo mi mano y veo mi reloj, los minutos siguen pasando, sé que Debra aún no saldrá, sé que ella lo hará un poco más tarde, un poco luego, quizás a volver hacer las compras y si no soy tan estúpido como antes, quizás pueda lograr estar con ella. Pego mi espalda a la pared de la ducha y me dejo caer poco a poco, el agua cae en mi nuca, está muy fría a tal punto de que me cuesta mover algunos de mis dedos, cierro mis ojos y me dejo llevar por el momento de soledad que me acobija, que me llena y controla. Alzo mi mano tanteando la pared hasta cerrar la llave, me levanto y lanzo al suelo mi jeans y mi bóxer, tomo una toalla y seco mi cuerpo menos mi rostro, no quiero manchar de rojo la toalla blanca, debería de comprar una negra o una roja, debería porque sé que esta no será la última vez que algo así pasara. Me enrollo mi parte inferior y llego al espejo, la sangre ahora baja por el centro de mi rostro dejando el rastro por encima de mi nariz, tomo un poco del papel de baño y limpio la sangre antes de agregarle un poco de alcohol y limpiar la zona. Aprieto mis dientes aguantando el dolor como lo sé hacer mejor y luego busco una bandita para agregar dos encima de la cortada. Puede que eso no sea de mucha ayuda pero me controlara por un tiempo el sangrado. Veo que eso no me hace ver tan atractivo, pero ahora es lo que hay para mostrar de mi persona. Mi reloj comienza a sonar como un loco, la alarma de que es la hora de Debra salir, me hace correr por la habitación hasta ver como ella camina vestida tomando su mochila, sus acciones me dirigen a lo único que puede ser, ella va a salir de casa y es mi momento de accionar el siguiente plan. Dejo caer la toalla, coloco mi ropa interior y unas medias rápidas, un jeans azul y una camiseta blanca con un estampado de un oso polar, a Debra le encantan los osos polares, coloco una chaqueta de jeans y ordenando con mi mano mi cabello húmedo salgo corriendo del departamento.   Plan B: Hacer compras del súper. Iniciando.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR