Emma solo quería salir corriendo del salón de té de su madre, había tenido que acudir con esfuerzo a años de buena educación para no hacerlo, su madre había forzado una conversación entre ella y el señor Asford, alegando como tema los maravillosos caballos que este poseía y la gran afición de ella por la equitación, y ahora estaba sentada a poca distancia del viejo amigo de su padre, que estaba inclinado ligeramente hacia ella con un fuerte olor a alcohol, mientras los demás se encontraban en el salón de estar de la casa esperando la cena. De repente llamaron a la puerta. — ¡A delante! — Dijo Emma en voz alta Era Margareth que en una pequeña bandeja traía el cuarto vaso de licor para el señor Asford, y es que en el poco tiempo que llevaban sentados, habían desfilado una tras otra s

