Aún me costaba asimilar que Viktor le hubiera hecho creer a Maksim que yo era una especie de ninfómana, alguien obsesionada con el sexo rudo y salvaje a todas horas. Dios santo… si lo tuviera frente a mí, le diría un par de verdades. Porque la Jocelyn de ahora, aunque sigue cargando cicatrices en el alma, está muy lejos de lo que alguna vez fue. Hoy, por fin, me siento libre para amar a Maksim. Y esta noche, después de compartir la cena con sus hermanos y primos, daremos el paso que tantas veces soñé: nos comprometeremos. Me estremece recordar que en algún momento dudé de él, que incluso pensé en marcharme antes de atreverme a hablar con claridad. Este último mes ha sido el mejor de mi vida. Maksim, con su ternura y su cuidado constante, me ha mostrado un amor que jamás creí merecer. Y a

