—¿Qué te parece si esto lo hablamos en el cuarto? No quiero que Peter escuche nuestra discusión; así te puedo explicar bien lo que pasa—. Era en lo único que estaba de acuerdo con él. Así que fui a dejarle la torta de manzana a Peter. Le di instrucciones de que nos esperara ahí; sé que es un niño bien portado y me hará caso, pero la rabia que tengo es tanta que necesito sacarla o, de lo contrario, me va a dar un ataque. Llego al cuarto y Wilden está sentado en la orilla. —¿Ahora sí me vas a decir qué es lo que está pasando con esa zorra que te escribe y dice que te extraña?— le lanzo un portarretratos que tengo a mi alcance. —Lorena, si me tiras todo lo que se te atraviesa, no podemos hablar; me vas a matar— se refugia en sus manos como escudo, pensando que le puedo tirar otra cosa.— Ma

