CAP 5

2229 Palabras
Ya estábamos llegando al vestíbulo, donde sería la fiesta especial de la empresa Bicchieri Rinaldi. Me encuentro agarrada del brazo de Luciano aún no puedo despertar de mi asombro por su confesión, antes de venir aquí y no conforme con eso él no hablo más nada en el auto todo quedó en un profundo silencio y yo más llena de dudas, que deseo que se aclaren ¿Cuánto antes? O es seguro que huyó de este teatro que pueda armar él; de eso no quiero ser parte me rehusó y se lo haré saber al salir de aquí. Seguimos el largo pasillo pulido y paredes decoradas de una forma tan elegante y llena de vida; me siento súper nerviosa el vestuario lo siento que me ahoga por el abdomen; así que decidí inhalar y exhalar con suavidad no deseo estar aquí pero la mirada de seriedad de Luciano me hace ver, que cuidara de mí si ¿Algo sale mal? Cosa que espero no suceda. Al pasar la gran entrada decorada con color vino tinto y logo de la empresa, pude darme cuenta la muchedumbre de personas elegantes, que habían en el lugar; dónde muchos al vernos llegar voltearon rápidamente tragué en seco apretando el brazo de Luciano, que apenas se dio cuenta me miró y yo igual admirando sus ojos verdes tan hermosos como el bosque mismo. — Tranquila Irene… recuerda estaré contigo solo sígueme y se la maravillosa mujer que eres. — Dijo y yo estar mas tranquila, y no sabía ¿Por qué? Solo asentí por sus palabras, notando que me incitó a caminar y eso hice el lugar era esplendoroso casi como todo en este país que tanto me encanta admirar la decoración perfecta con flores blancas y cintas en dorado en el techo, la pista de baile es de piso de madera pulido parejas bailando música clásica o italiana para este ocasión, las mesas con mantel en color marfil el centro de mesa con una botella de vino blanco o tinto con la marca, además de los platos y utensilios para comer. Todo lo detallaba muy bien. Cuando de repente siento el brazo de Luciano en mi cintura de forma protectora o eso ¿Creo yo? Lo miré capturando su ojos mirar con rabia a alguien; que al voltear en esa dirección pude ver a un hombre canoso y ojos verdes, tiene un parecido a él Rayos… es su Padre, pero eso no es todo la persona a su lado una mujer de vestido rojo hermoso rubia de ojos azules eso no me gustó para nada; y más cuando estaban aproximándose a nosotros. Luciano se tenso más de lo que creí, por su brazo que ambos llegaron y yo mirarlos a todos. — Buenas noches Padre. — soltó y yo mirar por primera vez al señor Thiago Rinaldi. — ¡Figlio! No vas a saludar a Fiorella y además presentarme a tu acompañante de hoy. — Informo lo último con molestia, mirándome de arriba hacia abajo, como si fuera una loca. «Este viejo me odia genial» No hables ahora, conciencia. — Para complacerte Padre, lo haré. — Aclaro carraspeando la garganta para continuar. — Un gusto verte Fiorella, y mi acompañante especial es Irene Cobis. Al presentarme tanto la mirada de su Padre; como la de esa mujer fue de total asombro y no sé ¿Por qué? que sólo seguí escuchando la conversación. — Me alegra verte Lucían… y el placer es mío chica. —Respondió con palabras amargas, que sólo me hizo fruncir el ceño y ella sonreír por dentro. — Bueno cambiando de tema, en cinco minutos vendrá él socio árabe del que hablamos Luciano y te quiero ahí ¡Entendido! — Ordenó y Luciano apretar su mandíbula, lo noté por la venas de su cuello. — Ahí estaré Padre, pero ahora Irene y yo vamos bailar. — Dijo, para guiarme a la pista lejos de ellos; antes pude darme cuenta de la mirada de esa mujer era como querer matarme. Nos dirigimos a la pista, donde habían varias parejas bailando él me dejó un momento en una esquina para hablar con los músicos del evento duro como cinco segundos; volviendo a mi lado yo negué por pedirme bailar ya que no conozco mucho de sus bailes elegantes soy más de música más relajada como (salsa, merengue, bachata o hasta pop) ; pero esto no. Así que hable rápido. — Luciano por favor, no se bailar este tipo de música. — Expliqué y él solo me tomo una mano en la cintura y la otra en mi mano derecha mirándome fijamente. — Solo déjate llevar por mi Irene, y el resto lo hará la música ¡relájate! — Sugirió al acercarme más a él, dónde dio inicio la tonada y él comenzó a guiarme. Respiré hondo dejándome llevar por Luciano que ni siquiera me di cuenta de las personas a mi alrededor; todo pasaba a un segundo plano al ver los ojos de él mirarme y no sé si es la luz del lugar, pero siento que brillan esta noche más, a comúnmente luce su mirada me relaje como dijo; dónde me dio giros suaves pero perfectos que después recosté mi cabeza en su hombro derecho deleitándome con su perfume varonil que siempre lo destaca llenando mi corazón de pulsaciones fuertes que sólo él causa; Dios no puedo enamorarme pero siento que estoy perdiendo en este río llamado Luciano Rinaldi, espero no ahogarme. Poco después que bailamos; nos fuimos a sentar en una mesa apartados de la mesa central de su Padre que estaba acompañado con esa rubia mujer; no lo sé siento que me gané a un gato feroz de gratis y eso que yo amo más a los perros aunque el caso de mis nervios ahora es que en cinco minutos debe irse Luciano a la dichosa reunión que tendrán en una sala a parte del evento, según ellos para estar alejados de cualquier cosa que los perturbe. Sigo sentada tomando una copa de vino blanco, recomendado por él mirando todo hasta que noto la voz grave de él. — ¿Todo bien Amore? — Me Pregunta y yo lo miré para negar. — ¿Quieres la verdad o la mentira? Porque te diré que estoy aburrida, prefiero comer una pizza y ver una película antes de dormir. — Exprese honesta y él sonreírme tomando mi mano besando el dorso de la misma. — Me gusta tu honestidad Irene, y lo que has dicho no está mal; puede que al terminar la reunión que tengo, nos iremos ya no soporto estar aquí. — confesó dejándome perpleja; viendo que toma su copa con elegancia que lo caracteriza. Sonreí de lado ya que no soy la única aburrida; hasta que siento que llega un hombre elegante y alto, es moreno de cabello castaño y ojos negros acompañado de una mujer pelirroja con vestido corto tipo cóctel de color amarillo. Con algo de maquillaje tan grande, que me quedé algo abrumada por eso; supongo para hacerse notar ante la gente y lo consiguió muchos hombres adultos y jóvenes la ven mucho. El hombre tocó el hombro a Luciano; haciendo que se pusiera de pie para darle un abrazo de saludo y la mujer quedarse observándolos. — Que tal Luciano, vine porque me obligaste. — Dijo sonriente y él negar por su actitud. — Ahí Romeo eres único, además te necesito para un asunto. — Informo serio y yo pensar ¿que quiere decir? — Oye idiota no me presentas a la chica, que te derrumba la mente. — soltó en broma; dónde me miró fijamente y yo ponerme de pie recibiendo su saludo besando mi mano. — Ella es Irene Cobis… te presento a Romeo Serra, el más grande imbécil amigo que tengo. — Aclaro y yo sonreír por sus insultos tan mutuos en ellos. — Vaya amigo tengo… Fiore que bueno conocerte, si necesitas ayuda estoy a tu orden. — Explicó galante. — Gracias señor Serra, lo tendré en cuenta un placer conocerlos y la ¿Dama es? —pregunte y el susodicho entender lo que dije. — Cierto… pero dime Romeo, estamos entre amigos. — Soltó y yo asentir. — Me llamo Dina y no te preocupes solo soy su acompañante por hoy. — informo sería; tocando un mechón de su cabello. Me quedé algo impactada por sus directas palabras, mientras veo como Romeo la toma de la cintura besando su hombro y ella ignorarlo por así decirlo. — Irene debo irme, pero volveré quédate en la mesa y cuando necesites algo aquí estará Romeo. — Lo mire y asentí, pero antes de irse me dio un beso en los labios de forma casta, dónde muchos nos observaron, para luego él irse. Su andar lo caracterizaba, como el hombre más estricto y galán dejando a muchas mujeres con corazones rotos solo espero no ser una de ellos; mis pensamientos fueron dispersados por un chasquido de dedos por parte de su amigo. — Fiore no te preocupes por él ¡estará bien!, además es rudo en los negocios que te lo digo yo que trabajo en la empresa. — Me dice, cosa que yo asiento por su franqueza. — Gracias Romeo. — — Vaya… que suerte tiene Luciano, además de hermosa tienes una voz tan angelical. — Su piropo, me causo gracia viendo a la pelirroja golpeando su brazo y él comportarse. — Si me disculpan, voy al tocador. — Indique de forma amable y ellos darme paso a caminar. Conforme iba caminando por el pasillo donde vinimos, le pregunté a uno de los meseros sobre el baño y me oriento. Ahora me encuentro, llegando a mi destino debo respirar por este vestido que siento que me ahoga. Luciano Fascinante este momento; estamos sentados mi Padre y unos dos socios de la compañía y mi persona esperando al tal árabe “Cafrune” a qué llegué. Al darle un sorbo a mi whisky seco, la puerta se abre apareciendo tres personas dos de ellos son los guardaespaldas del magnate nos pusimos de pie para recibirlo y mi Padre saludarlo de forma amable por su cultura. — Buenas noches Alfaris, me presento soy Adid Cafrune y ellos mis siervos. — se presentó y sus cuidadores también hacer su saludo. — Nos alegra tenerte aquí Cafrune, ellos son mi equipo de socios y mi hijo el vicepresidente de la empresa Luciano Rinaldi. — Informa mi Padre y yo me acerco estando de frente a él. — Un placer conocer al heredero Rinaldi.—Hablo para extender su mano hacia mí; que la tomé dando un leve apretón mirándonos mutuamente espero no me traiga problemas este hombre. — El honor es mío, señor Cafrune. — Las presentaciones quedaron atrás; dando inicio la dichosa reunión, que me propuse a escuchar todos los detalles que puedan haber para tener que ayudar en su momento a mi Padre, carpetas por ellos fueron entregadas para leer su propuesta me centre en verificar; mientras mi Padre intercambiaba palabras con el árabe. Después de dos horas de conocer lo que ellos desean para aliarse, llevando el vino Rinaldi a las franquicias de licores y restaurantes de gran categoría en su país, para ser conocido por las personas más importantes; hasta llegar a los empresarios consumidores de su cultura fue hecho el acuerdo y firma de mi Padre junto al árabe. Me toque la frente bebiendo mi licor de un solo trago, aún sigo muy alerta con esta asociación pero espero que mis alertas no sean reales porque sí sucede me veré en la obligación de destruir ese trato, sin importarme lo que piense mi Padre. Por consiguiente, nos pusimos de pie y cerramos está reunión para volver al evento, dónde seguro Irene está súper aburrida es lógico, no está acostumbrada a este mundo, pero eso no me interesa; prefiero que sea libre y risueña al estar en cualquier lugar. Apenas hago mi entrada en el salón no veo a Irene, así que busque a Romeo que estaba en su mesa con la pelirroja otras de sus locas chicas, cuando me vio se puso de pie y yo mirarlo serio. — ¿Dónde está Irene? — pregunté. — Estaba con nosotros en la mesa Luciano, pero dijo que iba otras vez al tocador y es ¿raro? Ya que fue antes. — Eso no era buena señal. — ¡Mierda Romeo! te dije que la cuidaras pero eso ni lo puedes hacer. — le reproche con molestia, y él tratar de relajarme. — Cálmate Luciano seguro ya viene. — trato de relajarme, pero eso aumento más mi ira. — Ya cierra la boca Romeo, voy a buscarla. — solté al irme para el área de los baños. Conforme iba llegando al lugar no la halle, entre al baño escuchando los gritos de dos mujeres ahí dentro; que volví a salir para seguir mi búsqueda fui a otra área casi alejada del evento llegando a la terraza, pero mis ojos se amplían de furia al ver tal escena; Irene cargada por los brazos del árabe que va a estar muerto; apodado (Adib Cafrune). — ¡Esta noche correrá sangre! — Dije en mi mente, al apretar mis puños llegando al lugar viendo que ella está inconsciente en brazos de otro que no soy yo…
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