CAP 4

2822 Palabras
— ¡Figlio! — Soltó, y yo acercarme para sentarme en una de las sillas de frente a su escritorio. — Aquí me tienes Padre. ¿Qué necesitas? —Pregunte y él solo mirarme desafiándonos con la mirada. — Vaya… sigues en esa posición, ni siquiera el tiempo te ha hecho cambiar eso Luciano. —Me reprochó y yo ponerme de pie, no quería escuchar esto. — Bueno Padre, me retiro tengo trabajo y es mucho. — Que al voltearme, para ir a la puerta el decide hablar. — Sabes que tenemos la reunión con los inversionistas árabes, y debes estar presente ahí, como el vicepresidente de la compañía. —Hablo y yo voltearme; para mirarlo de pie caminando fuera de su escritorio. — Eso me dijo mi Nana y asistente también Padre, pero conoces mi respuesta de lo que pienso de su propuesta. Sabes que no es viable. —Exprese serio, y contundente ganándome su fría mirada. — Pues… lo lamento Luciano, ya hablé con ellos por teléfono y acordamos hablar en la fiesta de esta noche; que se celebra la primera cosecha que nos fue bien. — Informo y yo apretar mis mano en puños. Decidí respirar hondo, esto siempre lo hace para tener siempre la razón y no la tiene en este caso; incluso cuando le digo la verdad de sus acciones pero no puedo resarcir sus palabras, solo debo seguir órdenes. Así que lo pensé mejor mirándolo nuevamente para hablar. — Como todo lo tienes resuelto Padre, me temo que estaré ahí, pero no tomaré ninguna decisión en esta negociación. — le aclaré y él estar molesto. — ¿Qué has dicho? Luciano. — Pregunto colérico. — Lo que oíste Padre, además solo diré que no te moleste; cuando llegue a la dichosa fiesta acompañado. — Solté sonriendo y él fruncir el ceño relativamente más molesto que antes. — Lo prohíbo Luciano… — Lamento no complacerte Padre está vez; así que con todo respeto me retiro feliz mañana. — Di por finalizado el tema, al salir de su oficina. Irene El trabajo en los viñedos iba viento en popa de lo mejor y sin fallas eso nos motivaba mucho y más cuando Tara nos decía como debíamos hacerlo; yo estaba terminando de guardar algunos frutos en los recipientes cuando escucho que me llaman a lo lejos y era Tara junto a su lado la señora Coppola, eso me pareció ¿extraño? verla fuera de la hacienda; no tuve más remedio que acercarme a ellas. — Irene ya pudiste llenar ese recipiente. — Dijo Tara, y yo asentir levemente. Bueno... debes volver con la señora Coppola, me dice que te necesitan en la hacienda. Eso me dejó algo confundida, y más cuando la señora Coppola hablo. — Así es Fiore (flor) vamos… debes venir conmigo y no acepto un no. — Insistió, y yo no tuve más remedio que seguirla, agradeciendo a la señora Tara que me miró irme, siguiendo ellos el trabajo. Nos fuimos en unos de los transportes, para llegar más rápido a la hacienda que constó de una hora y al entrar la seguí a la sala no entendía nada de ¿porque estaba aquí? sin siquiera terminar mi jornada; hasta que veo a una mujer adulta yo diría que de unos cuarenta años, muy elegante con un vestido n***o y tacones tan altos que podría yo caerme, si los traigo puestos vaya es muy hermosa parece famosa que al verme negó mirándome de arriba hacia abajo. — Señora Coppola ¿Qué hago aquí? — pregunté y ella mirarme de forma dulce. — Mi niña te presento a la señora Ruth Lane, la mejor estilista de Italia y Francia. — confesó y yo quedarme mirándola. — Y Ruth ella es Irene Cobis. Ella se puso de pie y se acercó con sutileza hacia mí; observándose dando una completa vuelta a mi alrededor, para seguir inspeccionándome esto no me gustó y más como negaba al verme tanto. — Señora Coppola… ¿no entiendo nada? así que mejor vuelvo al campo. — confesé, y ella negar un momento. — Tranquila mi niña es solo que… — Ya veo todo, no te preocupes niña solo observo que debo cambiar en ti, ya que grita cambio de look con ¡Urgencia! —Soltó interrumpiendo y yo negar por eso. «Bien bueno… ahora soy un experimento. » No hables conciencia. — Miré señora Lane, no necesito ningún cambio; así me siento feliz. — Me defendí ya molesta, por este juego. Comenzó a reírse de mí, que me hizo ponerme roja de la molestia cuando habla la señora Coppola aclarando todo. — Verás Irene ella te ayudará prepararte; para la fiesta de buena cosecha que realiza la empresa Bicchieri Rinaldi a principio de temporada como todos los años. — Dijo yo seguir aún confundida — Y ¿Qué tiene que ver conmigo? — — Mucho mi niña irás a la fiesta junto a Luciano; me pidió traer a la estilista para llevarte con ella y prepararte para esta noche. — finalizó y yo negarme enseguida. — ¿Qué? Ni loca señora Coppola, además no soy nada de Luciano, para que debo ir con él. — Objete cruzada de brazos y la otra señora mirarme sin dejar de reír. — Irene debes ir… sabes cómo es Luciano al dar una orden se cumple, además él me dijo que hoy respondería a tu ¿duda? —Me tomo de las manos, dejándome ver su sinceridad que tragué un poco. — ¡Que!… pero yo…— Fui interrumpida, por esa mujer. — Mejor vamos a irnos, el tiempo corre y son casi mediodía a ella se le hará un cambio absoluto, mi trabajo será grande. — Refutó y yo fruncir el ceño. — Tiene razón señora Ruth, Irene ira como usted así que vamos querida te esperaré aquí con Luciano al volver, por favor hazme caso. — la mire y asentí dándole la razón. — Lo haré señora Coppola, pero al saber mi respuesta ¿cualquiera que sea?, respetarán mi decisión. — Afirmé y ella aceptar, para luego irme con esa señora elegante. (…) Después de un largo camino en la camioneta grande de esta señora, ambas íbamos atrás ya que su chófer nos llevaba no estaba a gusto ella leía una revista de lo que creo es en idioma francés revisando tendencias nuevas de ropa y look de personas famosas; mientras yo estaba apretando mis manos entre sí esto me ponía nerviosa no quería hacerlo; aunque la señora Coppola me persuadiera de ello. Cuando por fin se detuvo el auto, nos abrieron la puerta para ambas salir y eso hicimos. Estábamos en un gran spa con colores entre marrón y verde, me quedé boba viendo todo muy elegante a mi parecer, que ella me saco de mi mente. — Oye vamos señorita. — Enseguida la seguí entrando al lugar y era mil veces mejor. Todo era vaya… grande y espacioso muy ordenado, diferentes puertas con un aviso en el medio indicando lo que hacían allí, me detuve al mirar para seguirla a ella; que se detuvo en una puerta plateada con una estrella en el medio de color rojo, solo tragué viendo que ingreso donde después yo lo hice encontrándome con un espacio increíble de masajistas gracias a Dios eran mujeres, y no hombres eso me puso sonrojada al pensarlo. —Tranquila vamos a qué te relajes, y obviamente hay ¡masajistas hombres!, pero esta sesión la pedí con mujeres conozco a Lucían demasiado bien. — Dijo, y yo mirarla. Sin verlo venir ella da un aplauso llamando la atención, de todas las personas del lugar dejándome asombrada; donde dos señoras me llevaron a un lugar para cambiarme diciendo ¿que debo hacer y todas esas cosas? solo respiré hondo dejándome llevar. Para cuando esto termine espero valga la pena; porque sino conocerán el carácter de los Cobis como venezolana todos lo tenemos y damos miedo al sacarlo. Luciano La mañana avanzo tan rápido, que ya eran las cosas cinco de la tarde, estoy a una hora de salir detalle mi reloj de mano marca pulso uno de mis favoritos; recordando que la hora del evento es a las nueve de la noche y faltaban aún cinco horas para estar listo, debo es darme un baño y cambiarme para esperar a Irene, que por cierto no he llamado para ¿Saber cómo van? Así que opte por tomar mi celular llamando a Ruth Lane. En el segundo tono toma mi llamada. — Bueno. — Ruth es Luciano, dime ¿Cómo va todo? — Pues… bien, solo que debo decir que está chica, necesitaba un cambio, aunque se rehusé Lucían. — Entiendo pero lo hizo, ¿te causo problemas? Irene. — Antes si, pero ahora coopera así que relájate querido, solo te digo que el traje que usarás hoy te lo mandé a llevar y lo tienes en tu dormitorio de la hacienda esperándote. — Gracias Ruth, pero háblame de ella todo en orden. — Si Lucían, ella ahora le están dando su mejor corte de cabello, y el cuerpo de ella parece como modelo rayos… ¿Dónde la conseguiste? No sé compara a las chicas famosas, con que he trabajado. Eso me hizo reír, porque sin duda lo es y eso que no la he visto desnuda, cuando lo vea espero no convertirme en su esclavo porque habré perdido. — Mierda debo concentrarme. — ¡Luciano sigues ahí! — Si Ruth, solo confórmate con saber que es mi dama y debe ser tratada como una princesa ¡Entendido! — Claro te dejo querido, debo seguir laborando. Me colgó y yo ponerme a laborar la última hora mi asistente Luz se fue, se lo pedí ya que tiene familia que atender. Que al terminar de leer un contrato de Francia, que me parece bueno debo consultar con mi Padre sobre esto, pero ahora está tan afanado con los árabes; que debo esperar para contarle esto; que pienso para expandir mejor en ese país. Cuando finalice verifique la hora y estaba saliendo como siempre lo hago todos los días, estiré mi cuerpo un poco tomando mi saco para colocarlo sobre mí y tomar el maletín junto a mi celular que lo guarde en mis bolsillos y las llaves del carro en la mano saliendo de mi oficina, en el ascensor pulse la planta del parking. Ya estando en el auto maneje con calma todo el recorrido; dónde al perderme por la ciudad; la carretera a la hacienda me la comí acelerando en gran velocidad, ganándome la brisa como premio relajando mi cuerpo. Apenas llegué a la puerta me recibió la servidumbre que decidí ir a mi habitación con total calma y seriedad; al ingresar fui quitándome la ropa para darme una ducha de agua caliente, mi cuerpo lo requería de tanta presión en la empresa. (…) Me encontraba ya listo arreglando mis botones del saco la corbata ¿no me cuadraba para nada?, el color crema ni idea con eso; ya después le hablaré a Ruth de ese detalle, ella conoce mi estilo de colores. Enseguida de verme en el espejo grande de mi armario inmenso; me sentía ansioso por ver a Irene y más ser la sensación del momento amargando la noche de mi Padre, siempre lo hago sonreí de lado para volver a mi dormitorio, siento que tocan la puerta y procedo abrirla. — ¡Señor! la señora Coppola lo espera en el comedor. — Dijo la mucama de color muy amable y trabajadora, solo asentí para verla marcharse. Al volver termine mis detalles en el traje y observe la hora solo faltaba una; para ir al evento y debo esperar a Irene ya con mi celular y llaves fui al comedor rápidamente. — Aquí me tienes Nana, para que soy bueno. —Hable al verla puliendo la gran mesa junto a otra chica, que sujetaba un arreglo de flores para decorar. — Luciano hijo, que bueno verte te ves guapo Dolcezza (cariño) — le sonreí tocando su rostro es como una Madre para mí. — Gracias Nana, ahora dime. — Te llamaba para decirte, que si no piensas comer o lo ¿harás en la fiesta? —Pregunto y yo negar había comido el almuerzo, pero ahora no deseaba nada. — No Nana… tomaré una copa de vino blanco y comeremos Irene y yo por allá. — Dije seguro y ella asintió. — De acuerdo hijo, bueno déjame para servirte el vino. — cuando iba a ir por el la detuve, para yo ir en busca de mi bebida. Al entrar en la cocina, las tres personas que estaban ahí me miraron para luego volver a lo suyo, así que fui al refrié por la botella de nuestro mejor vino blanco creado por nuestra empresa, busque una copa grande tome el sacacorchos y lo saqué con facilidad sin hacer desastre para servir mi bebida con buena porción deje todo en la mesa para salir a la sala a esperar; estando de pie admiraba las pinturas de la hacienda algunas de un pintor famoso y otras de un primo que es artista el muy idiota lo hace bien. Continúe bebiendo vino, y la hora se hizo presente pensaba en ella ¿Podrá llegar? Mis pensamientos quedaron en el aire, al escuchar la puerta principal ser tocada, volví a tomar vino y me relaje sentándose en uno de los sofás cómodos de la sala que ni me di cuenta de la presencia de ella, sino hasta que oí un carraspeó leve. — Buenas noches Luciano. — Apenas la oí me puse de pie, admirando la belleza inigualable de ella, aunque está vez me dejó impactado y sin que decir; solo tragué un poco mirando el elegante vestido de noche que está usando, me percate del color y pude darme cuenta del porque era igual a mi corbata; sonreí para ella como todas mis sonrisas todas las ganas Ella; deje la copa en la mesa de cristal central, para acercarme con sutileza admirando su belleza. — Todo bien… o está algo mal. —Respondió y solo negué. — Para nada Irene, estás hermosa mi Amore (amor) — aclaré. Estando frente a ella, ví sus ojos color miel brillar como una estrella, mi chica risueña en su mejor momento y es solo mía nadie la tocará o se acercará a ella está noche de eso me encargaré y más que llevo dos guardaespaldas conmigo por seguridad y protocolo. — Gracias… aunque no me gusta mucho el cambio. — Dijo y reí tomando su mano, besando el dorso de la misma, mirando sus ojos y ella sonrojarse. — Eres única mi venezolana, ahora solo ven conmigo a la reunión de esta noche, estamos algo atrasados pero la espera lo valió. — Argumente jalando su brazo quedando en mis brazos y tomarla por la cintura. Allí pude ver sus reacciones nerviosas, vaya como me mata verla así y más mi amiguito que siento que está despertando, vaya… es buena haciéndolo y sin darse cuenta. — Luciano … debemos hablar. — Y lo haremos Fiore, pero este no es el lugar; así que vámonos. — Mencioné y ella negar a lo que yo solo me aproxime a su rostro detallando su cuello que no dude en hacer mi jugada. Sin ella verlo venir, fui directo a besar su cuello su piel y olor era como mi droga bueno… todo de ella lo era, que seguí el beso casi llegando a su leve escote escuchando su respiración agitada como me calentaba; hasta que el sonido de mi teléfono me interrumpe haciendo que me separa. Note que buscaba respirar, y yo me puse a ver el teléfono y solo era un mensaje del imbécil de Romeo. — Apresúrate cabron tu Padre está que hecha humo por no verte aquí. — Negué ante esa tonterías, dónde sólo deseaba llevar a Irene a otro lugar pero di mi palabra de asistir y no puedo negarme por más que quisiera, así que guarde el celular volviendo con ella. — Todo bien. — solo asentí, para poner mi brazo a su disposición y lo tomo dando sus pasos para retirarnos. Al llegar a la puerta del auto y abrirla para ella, la tomé del brazo acercándome a su oído para susurrar. — No estás sola Irene… solo recuerda eres mía y nadie debe tocarte ya que si lo hace marcará su tumba. — ella me miró molesta, tomando asiento en el auto. Cuando ingresé y tome el mando acelerando el auto dando tiempo de llegar; para ir al evento ella inicia la pelea dando comienzo mi juego. — No eres mi dueño Luciano. — Lo soy Amore, ya que eres oficialmente mi novia. —Confirme y ella mirarme asombrada. — ¿Qué? …
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