—Aquí tenéis —le serví el tercer plato a Paul, y el segundo a Jared.
—Gracias Lya, vendré siempre que cocines esto ¿tú no viene? —Me exigió Paul.
No tengo hambre.
—Tampoco tenías esta mañana —me dijo Jared.
—Comí algo con Elena —mentí.
—Claro sufren con sarcasmo.
—Bueno, yo me marchó, hijo casi las cinco de la tarde señalado Paul. Fui a ver a Molly, la arropé mejor ya que se había quedado durmiendo, y besé su frente. Ella se removió y quité el lazo de su cabeza.
—Lya, saldré, vuelvo en la noche —me dijo Jared, asentí sin mirarlo y se metió dos paquetes de condones al bolsillo de sus jeans.
Cogí la camisa de él —que le había comprado— y la dejé en la cama de su habitación. Salí de ella, y me puse mi pijama. Agarré el pijama caliente blanco de Molly, y fui al salón. Puse la calefacción, hacía bastante frío, y me acosté en el sofá cama con Molly.
Mi cuerpo era hueso todo, obviamente. No era mi culpa estar así, fue un episodio malo de la vida, en el sentido luché por mi hija. Cerré los ojos olvidando esos pensamientos y yo dejé llevar por el sueño.
(...)
Oí el llanto de Molly y abrí los ojos de golpe. La cogí soñolienta y empecé a acariciar su pelo. Se quedó dormida de nuevo, y la dejé de nuevo a mi lado.
Grabe la conversación escuchada de Paul y Jared.
Empecé a llorar, mi cuerpo se lo había dado a Molly. Mi comida y sed a ella. Hablaría seriamente con Elena sobre quedarme con él en esta casa. Molly era mi todo pero no estaríamos en una casa donde no se nos quiere. Nunca lo he hecho, y nunca lo haré. Solté varios sollozos sin querer, y Molly comenzó a removerse.
—Sh, ya está, mi amor —le susurré a Molly besando su frente—, Tranquila, yo estoy aquí —le susurré, paró de moverse y la abracé.
Sollocé bajito y toqué mis costillas, que sobresalían demasiado. Me asqueaba a mí misma, me daba asco mi cuerpo, pero tenía que luchar por vivir, por mi hija y por mí.
— ¿Estas despierta, Lya? —oí preguntar a Jared desde el umbral de la puerta —seguramente acababa de venir—. Reprimí un sollozo, pero como siempre, salió y bastante fuerte, — ¿Estás llorando?
—No, sólo trato de dormir —le contesté con voz rasposa.
—Buenas noches —se fue sin decir nada más y suspiré cansada. Cerré mis ojos e intenté dormir.
Esa noche no pegué ojo, no dormí nada. Me levanté temprano y me miré al espejo del baño. Mis ojos estaban rojos e hinchados, y debajo de ellos había unas ojeras marcadas. Me duché rápidamente y lloré bajo la ducha caliente.
— ¿Estás aquí Lya? —escuché la voz de Jared.
—Si —respondí nerviosa. Me terminé de duchar rápidamente y salí envuelta en una toalla. Me puse mi ropa interior y salí con la toalla todavía puesta.
— ¿Qué pasa? —pregunté.
—Mañana es Nochebuena y mi madre quiere que vayamos a su casa —asentí sin más, y él sonrió. Me fui a cambiarme y me puse algo sencillo, hoy pasearía a Molly. Cogí unos leggins negros, un blusón color verde, y unas botas marrones. Dejé mi cabello suelto y me perfumé levemente. Salí y Molly seguía durmiendo.
La noche había sido mala para las dos.
Fui a la cocina y vi a Ginger sentada con Elena desayunando.
—Buenos días querida —me sonrió maternalmente Ginger.
—Hola —dije tímida.
— ¿Le diste el regalo a Jared? —preguntó Elena.
—No, salió y lo dejé encima de su cama —me encogí de hombros, — ¿Por cierto, donde está él?
—Duchándose —respondieron las dos.
—Elena, ¿obligaste a tu hermano a que yo y Molly nos quedáramos aquí? —le pregunté, ella soltó una risita nerviosa.
—P-puede —tartamudeó nerviosa.
—Bien, pues dile que mañana por la mañana nos tiene en la calle. No toleraré ser una molestia ni aquí, ni en ningún sitio —dije segura.
— ¿Por qué te vas, Lya? —preguntó Ginger.
—No quiero ser molestia, mi hija sufrirá demasiado —vi que frunció el ceño mirando mis ojos y mis ojeras, —Y si, lloré toda la santísima noche. Nadie excepto yo sabe lo que es vivir en la calle pero tu hermano no sabe respetar eso, sólo… quiero irme —le dije.
Salí de allí sin desayunar y fui al cuarto de Molly.
NARRA ELENA
Lya se veía mal, sus ojos estaban rojos y se veía más delgada que cuando la conocimos.
— ¿Que pudo ocurrir? —le pregunté a mi madre después de que Lya se fuese.
—Tu hermano es imbécil, hija —me dijo enojada.
—Hola familia, ¿dónde está Lya? —preguntó Jared. Lo miramos mal, — ¿Qué?
— ¿Qué le dijiste a Lya, o de qué hablaste con Paul? —pregunté mordaz. Él pensó y palideció.
—De ella ¿por qué? —preguntó.
—Mañana la tienes en la puerta, no vivirá más contigo —le informó mi madre con enfado en su voz.
— ¿Y por qué? —dijo bufando de frustración.
—Perdonad, Elena o Ginger, os espero abajo. Daré una vuelta con Molly y desayunaré en algún bar —nosotras asentimos, y Lya le puso el abrigo a Molly. Vino de nuevo hacía nosotras y miró a mi madre.
—Me ha comentado Jared que mañana quiere que cenemos en su casa ¿qué me pongo? —preguntó tímida.
—Eso que compraste y unos accesorios que te prestaré yo —le dije. Ella asintió y sonrió feliz.
—Te acompañaré yo —le dijo Jared. Ella iba a replicar pero no dijo nada. Asintió y sonó el timbre. Fui a abrir y allí se encontraba Baby Place, entraron con el carrito y la cuna.
—Traemos una entrega a Lya Thompson.
—Sí, soy yo —Lya respondió y le firmó un papel al repartidor. Entre dos repartidores, montaron la cuna y dejaron el carrito con los tornillos puestos, solo faltaba ponerlo en pie.
— ¿Qué es todo esto? —preguntó Jared.
—Es para Molly, tiene que dormir en una cuna y pasear en un carrito —le dije con superioridad en la voz. Asintió sin decir más, y Lya metió a Molly en el carrito con cuidado. La arropó y puso un peluche de patito a su lado.
—Vamos Jared —avisó Lya, él cogió su chaqueta y la puso en su cuerpo. Se fueron los dos y le guiñé un ojo a Jared burlona. Él me echó una mirada cabreado y reí.
NARRA LYA
Estábamos paseando por el parque de bebés en un silencio cómodo hasta que llegamos a una cafetería. Entramos y senté a Molly en mi pierna cómo pude.
—Yo la tengo —me dijo Jared, asentí dudosa y se la tendí. Él la cogió y besó su frente.
—Buenos días, bienvenidos, ¿que desean pedir? —preguntó una amable camarera de unos cincuenta años.
—Hola, queríamos dos cafés y tres dulces de fresa —dijo Jared, asintió apuntando y se fue.
— ¿Qué edad tienes? —le pregunté.
—Tengo 25 años —me dijo, — ¿Te vas a ir de mi casa? —preguntó.
—Sí —frunció el ceño, —No quiero ser molestia ni nada —respondí simplemente. Él mantuvo la mirada en mis ojos durante unos segundos, y la dirigió a Molly.
—Aquí tienen, déjenme decirles que su hija es hermosa y que hacen una pareja ¡divina! —dijo la camarera sonriéndonos. Me sonrojé y tomé un trago de café.
—No somos pareja —dijo Jared.
—Oh, lo siento —respondió la mujer apenada.
No importa, Jared, no hagas caso —le dije tomando mi café. Asintió pero se puso pálido de un momento a otro.
- ¿Jary? —Oímos una voz bastante aguda. Me volteé y vi a una chica rubia de ojos azules, con un cuerpo bastante exuberante.
—Hola Melania —respondió Jared un tanto incómodo.
- ¿Quiénes son los hermanos? Oh, que bebé más mono ... ¿volveremos a repetir lo de una noche, cariño? —Preguntó Melania.
—Este no es el momento Melania, y no se volverá a repetir —le informó Jared. Vale, me consideró muy incómoda.
—Ya lo veremos —respondió Melania yéndose de la mesa, y echándome una mirada extraña. Terminé de comerme un dulce y miré a Jared.
—Siento que hayas visto eso —me dijo. Me encogí de hombros y él bebió su café. Pagó él y salimos al parque. Senté a Molly en un arenal de bebés, y yo agaché con ella.
—Cuidado, Molly —le dije limpiando su pequeña manito. Ella rió y sonreí al ver mi antigua casa, eran las cajas de enfrente.
—Lya, es tarde vamos —me dijo Jared, él cogió a Molly y yo levanté pero al hacerlo grité de dolor, - ¿Lya qué pasa? —Preguntó Jared alarmado.
—M-me duele Jared, llama a una ambulancia —le dije con la voz rota, me costaba hablar.
—Tranquila, Molly, sh ... No llores, mamá está bien —le susurró a mi hija. Ella seguía llorando porque yo estaba sollozando. Jared miró a la ambulancia por teléfono y cuando colgó me miró nervioso, —Lya tranquila, ¿vale? Te pondrás bien —me dijo Jared nervioso. La ambulancia se oyó y unos médicos me atendieron rápidamente.
Me subieron en una camilla a la ambulancia, y vi a Jared subir junto a mi hija.
—Señor ... —le dijo un médico.
- ¡Arranca de una puta vez! —Gritó Jared, le cogí la mano y me miró, —Tranquila, estoy aquí —susurró Jared, acaricié su mano y él sonrió.
Llegamos al hospital, y me bajaron de la ambulancia. Entraron conmigo gritando mi diagnóstico, y no supe más cuando traspasaron las puertas de urgencias.