Capítulo 6

999 Palabras
NARRA JARED Molly dormía en mis brazos. Todavía no tenía noticias de Lya, era un poco tarde ya y teníamos lata. Eran las doce de la noche y llamé a Elena para que me ayude con la pequeña. —Dime Jar. Se le oía soñolienta. —Elena ven al hospital, Lya está mal y necesito que cuides a Molly. —Voy de camino identificado colgando. Suspiré y miré a la pequeña y delicada Molly, era simplemente preciosa. Siempre quise tener un bebé, pero mi ex novia abortó, y nada fue lo mismo. - ¿Familiares de la señorita Lya Thompson? —Preguntó un doctor mayor y con unas pocas arrugas. Me levanté con Molly y nos miró, - ¿Quiénes son ustedes? —Nos requieren. —Soy su novio y ella es nuestra hija —mentí. —Lya, está mal, tiene un caso grave de anorexia. Su espalda tiene un problema, más concretamente, tiene un caso de osteoporosis. No ha estado ingiriendo bastante vitamina C y hierro, y su cuello tiene pequeñas manchas causadas por el frío extremo. Si estuvo a una temperatura demasiado baja, es la causante de eso. Tales manchas las tiene por el cuello, vientre, clavícula y espalda, nuca y unas pequeñas en los músculos que hacen gestos, —Las manchas se curan con una crema que ahora le da su receta. La osteoporosis es cuidarse. Tiene que alimentarse mejor y en caso de la anorexia es grave, tiene que comer. No está hidratada lo suficiente así que, se tirará aquí ingresada dos días y luego volverá a casa —concluyó el doctor. - ¿Puedo pasar a verla? —Le pregunté. —Sí, está despierta pero anestesiada. En la segunda habitación a la derecha —asentí y besé la mejilla de Molly. Ella escondió su rostro en mi cuello y caminé hasta la habitación de Lya. Entré en silencio, y la vi. Estaba tumbada, mirando la ventana, perder una bata de hospital dejando ver las manchas de su clavícula y los huesos de su piel. Ella me miró y me fijó que tenía los ojos rojos y rastros de lágrimas. Me acerqué y deposité con cuidado a Molly a su lado. Lya la envolvió en sus brazos en cuanto la vio. - ¿Cómo estás? —Le pregunté. - ¿Tú qué crees? —Me dijo fríamente. ¿Por qué se comportaba así conmigo? —Mejor me llamo —le dije suspirando, miró a Molly y besó su nariz. Sonreí con ternura y la oí murmurar algo. —Claro, no querrá perder el tiempo con una asquerosa anoréxica —se escuchó, palidecí y me di cuenta que escuchó mi conversación con Paúl, —Mi amor, volveremos a casa enseguida —la oí decir. Ella sabía que no la dejaría irse de nuevo a esas cajas. — ¿Lya, estás bien? —le dije tocando su brazo. Ella asintió sin hablar y asentí, —Saldré a hacer una llamada —avisé, ella asintió y suspiré frustrado. Salí afuera y vi a Elena sentada con mi madre. — ¿Cómo está? —preguntaron las dos a la vez. —Mal —respondí. Ginger pasó dentro de la habitación y miré a Elena abatido. — ¿Y tu cómo estás? —preguntó mi hermana. —Bien —dije sin mirarla. Suspiró irritada y me miró alzando una ceja.   —Claro, y yo tengo seis ojos —dijo con ironía. —Estoy mal, no me gusta verla así —le dije abrazando su pequeño—pero matón— cuerpo. Ella me correspondió y suspiré. —Ya está hermanito —me susurró besando mi mejilla. —Ella de verdad quiere irse —le dije separándome de sus brazos. —Escuchó la conversación de Paul y tú, sinceramente le dolió bastante que dijeras esas cosas, Jared. Ella no es Daniela, espero que te des cuenta. Ella no abortó aún estando sola y en la calle. Ella tuvo a su hija, la cuidó y buscó lo mejor para ella, aún sin tener nada —me dijo mirándome. — ¿Ella te gusta? —me preguntó. —No, no —le respondí nervioso. Solo me parece preciosa, adorable, tierna, sencilla, valiente y dulce. Quizás me guste. — ¿Ah no? —preguntó Elena sonriendo pícara. —Puede que me llame la atención, pero yo a ella no —le dije mirando la puerta. —Molly te adora y Lya agradece eso. Que su pequeña tenga un hogar es lo más importante para ella. No dejes que se vayan, Jared —me dijo cogiendo mi mano, asentí. — ¡Hijo! —apareció mi madre dándome una hostia en la nuca. — ¡Ay mamá! ¿Por qué coño me pegas? —le reprendí frotando mi nuca. —Lya estaba llorando, ¿qué hiciste? —me preguntó furiosa. ¿Llorando? —Te duermes hermano —rió Elena. —Iré con ella —avisé. Ellas asintieron y entré de nuevo a la habitación. Molly jugaba con los dedos de Lya. Sonreí y me senté en el pequeño sillón de la habitación. —Molly —la llamé, ella miró a mis ojos y me perdí en sus ojitos azules, —Ven aquí, pequeña —le susurré extendiendo mis brazos, ella gateó por encima del cuerpo de Lya y la cogí en el aire, —Aquí estás —le dije poniéndola a horcajadas de mi. Ella puso sus pequeñas manos en mi pecho y sonreí. —Da da —balbuceó sacándome una sonrisa graciosa. Ella dio un gritito y le hice la señal de silencio. — ¿Molly? —oí la voz preocupada de Lya. —Aquí está —le dije. Se volteó y me miró. Sus ojos verdes estaban un poco apagados y estaban especialmente rojos. — ¿La puedo tener un poco más? —pregunté. Lya asintió y jugué con Molly a hacerle pedorretas.   (...)   —Hola, traigo la comida. Te queda un día, Lya, ánimo  —le informó una amable enfermera sonriendo amigable, Lya asintió. La ayudé a sentarse en la cama cogiéndola de la cintura y sentí los huesos de ahí. Ella lo notó y bajó la mirada quitando lentamente mis manos. Las puse de nuevo y la obligué a que me mirase. Sus ojos estaban aguados y su labio temblaba. —Se que oíste la conversación de Paul y yo. Lo dije para que Paul me dejase en paz, tú no eres nada de lo que dije. Eres perfecta tal y como eres. Estás así porque diste tu vida por Molly, y eso me hace sentir orgulloso de ti, ahora come —le dije besando su nariz, ella sonrió a medias y comió todo lo que le habían traído. En tan sólo un día, ella había cogido color y sus mejillas junto a partes de su cuerpo cogieron un poco de grosor.  
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