- ¿Terminaste? —Pregunté.
—Sí, estaba rico, limpiando la comisura de sus labios. Sonreí ante su respuesta, y dejé la bandeja de comida en una pequeña mesa. Molly estaba sentada en la cama balbuceando cosas.
—Molly, mi amor no hagas eso, le haces daño a mamá afectada Lya cogiendo a Molly y poniéndola en su otro lado. Molly le estaba apretando una marca de la pierna.
No hagas eso, pequeña —le dije a Molly en su oído. Ella sonrió y dejé un beso en su cabeza.
—Hola —oímos una voz aguda en la puerta, miramos y vimos a una chica de no más de treinta años que tenía un gran parecido con Lya.
- ¿Quién te mandó? —Oí decir a Lya furiosa. Cogí a Molly en brazos, y Lya me sonrió con seguridad.
—Nadie, Lya. Mamá te ... —Lya la cortó.
—Tu madre me dijo todo lo que tenía que decir. No conocerá a su nieta y si la conoce no la tocará, nadie me la quitará. Porque estuve un maldito año viviendo en la calle y nadie pensó en mí, ahora como os habré enterado de que vivo con alguien que quiere ayudarme, ¿venís no? —Preguntó Lya bastante cabreada.
—Mamá y papá están fuera de la niña mirando a Lya un poco enfadada.
—Me da igual lo que hagan, pero no tocarán a mi hija y tú —me señalaron, No la sueltes —me dijo, asentí y escondí el rostro de Molly en mi cuello.
- ¿Quién es él? —Preguntó la chica mirándome con desprecio.
—Su novio —respondí orgulloso hacia la chica.
- ¡Hija! —Gritó otra voz más aguda desde la puerta. Vimos a una mujer mayor parecida a Lya junto a un hombre viejo, él cual miró a mis brazos. Tapé más a Molly y él frunció el ceño.
- ¿Qué hacéis aquí? —Preguntó Lya furiosa.
—Hija, queríamos pedirte perdón por todo…—Lya de nuevo interrumpió.
—No quiero ningún perdón de nadie. Mi hija y yo sobrevivimos, y ahora tenemos un hogar donde vivir —espetó Lya con frialdad. Molly empezó a llorar y todos la miraron.
—Ya está, pequeña. Sh... No llores, enana —le dije a Molly quien abrió sus ojitos y sonrió mirándome solo a mí. La abracé suave y me tocó mi nariz.
— ¿Es... tu hija? —preguntó el señor mayor acercándose.
—No se acerque más —dije firme, él paró.
— ¿Y quién eres tú? —escupió la mujer casi con asco.
—Mi novio, y ahora si no queréis que os echen por la fuerza os pido que salgáis inmediatamente de aquí. Viví sola un año y dos meses en la calle, tuve a Molly en la calle, no os necesito; para mí estáis muertos —dijo Lya de nuevo con enojo y frialdad.
—Mi amor… —Lya se enfureció ante el apelativo de su madre.
— ¡Fuera de aquí, ya! ¡No sois nada para mí! ¡Nada! —gritó haciendo saltar a la chica que estaba ahí. Sus padres la miraron indignados.
— ¿Qué pasa? —preguntó un doctor entrando.
—Ella no quiere verlos, necesito que se vayan —le pedí, él asintió y los sacó, ellos aun seguían en shock. Miré a Lya que lloraba en silencio en la dirección que se habían ido sus padres. La abracé y puse a Molly en su pecho, besé la frente de Lya y ella me miró.
—Soy un monstruo —susurró Lya sollozando.
—No lo eres, Lya, has sufrido demasiado —susurré cerca de su rostro.
—Gracias por todo, Jared —me susurró abrazándome. La abracé de vuelta y me besó la mejilla.