El invierno en Nueva York tenía un encanto único. Las calles estaban cubiertas por una delgada capa de nieve, y las luces de la ciudad nunca dejaban de brillar. Había pasado un mes desde que Emily y Sophie llegaron a la mansión King, una casa majestuosa con un e estilo moderno, tenía enormes ventanales y una vista impresionante al horizonte de Manhattan. Desde su llegada, la presencia de ambas había transformado aquel espacio frío y monótono en un hogar lleno de calidez. Emily y Sophie, con el apoyo de Axel, realizaron algunas remodelaciones: la habitación de Sophie ahora era un paraíso en tonos morados y estrellas brillantes en el techo, mientras que Emily había añadido detalles acogedores a la sala principal y su dormitorio compartido con Axel. Pero lo que más había sorprendido a todos

