Intentando Vivir la Realidad

2317 Palabras
Llevo varios minutos conduciendo a la deriva, simplemente sigo la carretera, las lágrimas impiden que logre ver bien pero me esfuerzo por no colapsar, ¿a dónde iré?, seguramente Ayse y Viena ya estén en sus casas debido a que casi es media noche pero, seguramente sus esposos también están allí, ¡no puedo dejar que me vean así!, sí lo hacen seguramente Asher se enterará y no le daré la satisfacción de verme en este estado, temblando, en shock, semi desnuda y golpeada, debo pensar en otras opciones, ¿a casa de mi abuelo?, no; tampoco puedo ir allí ya que él jamás creerá que logré librarme de ese viejo pervertido sin ser abusada y me someterá a más humillaciones. Pero eso me deja sin opciones ya que ellos son los únicos que pueden ayudarme, tampoco puedo considerar un hotel ya que Asher me sacó sin nada más que lo que traía puesto. No lo soporto más, después de media hora más en lo único que pienso es en dormir y mi cuerpo empieza a temblar, tengo frío y sueño. Debo buscar un lugar dónde pueda descansar, se me ocurre una idea así que me dirijo hacia la única persona que puede ayudarme y mantenerlo en secreto. Al llegar a la enorme mansión blanca casi doy la vuelta para regresar a la cuidad, pero el cansancio es más fuerte que la vergüenza que tengo así que me estaciono frente a la casa y me obligo a bajar del taxi, al momento de salir al exterior el viento toca mi piel y mi frio aumenta, rodeo mi cuerpo con mis brazos como sí me abrazara a mí misma y luego avanzo hacia la enorme y elegante puerta de caoba de la entrada, me quedo parada allí por unos minutos armándome de valor para poder tocar el timbre, cuando el frío me vence subo mi mano y presiono el pequeño botón dorado, espero un minuto pero nadie responde, presiono el botón nuevamente y espero… ¿acaso no está en casa?, presiono el botón por tercera vez pero nadie responde así que más desconsolada que nunca, doy media vuelta y camino de regreso al taxi; lucho por no dejar que las lágrimas salgan de mis ojos casi estoy en la puerta del taxi cuando escucho que la puerta se abre sin embargo no me giro, sino que me quedo congelada. - ¿Hola?, ¿buscaba a alguien? – Es William Escucho sus pasos mientras se acerca a mí, así que me doy media vuelta para tenerlo frente a frente, intento cubrir mi cuerpo con mis brazos - ¿Señorita Selene? – puedo notar la sorpresa en su voz, y al escuchar mi nombre es como un detonante, y empiezo a llorar desconsoladamente. Levanto mi rostro y lo veo a la cara por primera vez en la noche, sus hermosos ojos verdes están sorprendidos al ver mi rostro pero rápidamente se tornan fríos. - - Lamento molestarlo tan tarde en la noche pero… no tenía a donde ir – logro decir mientras mi voz se corta, él se quita la hermosa y fina bata negra que lleva puesta y me la entrega, no dudo ni un segundo en tomarla y me la pongo lo más rápido que puedo. - Por favor, entre a la casa… - puedo notar que su voz es fría y es entendible, apenas me conoce y ya soy una carga para él - Gracias – digo mientras me dirijo a la casa. El vestíbulo está vacío pero luego de unos segundos, se llena de personal de servicio quienes nos observan muy desconcertados. - Travis, por favor retira a los miembros de seguridad – dice, y los hombres que justo acababan de llegar se retiraron sin una sola palabra – Sra. Hernández ella es nuestra invitada esta noche, por favor preparé una de las habitaciones principales lo más rápido que pueda – dice a una muy sorprendida señora de mediana edad, bajita, morena y un poco regordeta pero con una cara tan amable que hacía que te agradara al instante. - Enseguida – responde y se dirige hacia arriba - Adelante – me dice, guiándome hacia la sala de estar - ¿se le ofrece algo para comer o tomar? – pregunta - Agua por favor – le respondo mientras me siento en uno de sus hermosos sillones blancos - Zulema, podría traerle agua tibia a nuestra invitada por favor – le pide a una joven chica que nos observaba de lejos - Claro que sí – responde mientras se gira y desaparece de mi vista, William por otro lado se sentó en el sillón justo en frente de mí, después de unos minutos la chica regreso con dos vasos de agua tibia, coloco uno frente a mí y el otro frente a su jefe y luego se retiró rápidamente. Tomé el vaso con ambas manos y lo apreté en mi regazo - ¿no va a preguntar nada? – lo interrogué, él se sorprendió ante mi pregunta - No tengo el derecho para hacer eso, sí usted desea contarme lo que sucedió entonces estoy dispuesto a escucharla y si necesita mi apoyo se lo daré gustoso - ¿Por qué? – pregunté – Apenas me conoce - ¿Preferiría que no la ayudara? - No, es solo que. Me sorprende que esté dispuesto a hacerlo, no todas las personas están dispuestas a involucrarse en los problemas de otros - Bueno, digamos que lo hago por una vieja amiga y además esto no lo hago gratis – dice - Bien, ¿Cuánto me costará? – pregunto más curiosa que sorprendida - Tengo dos condiciones – dice – Me alegraría que usted las cumpliera - Primero tengo que escucharlas – le respondo, y una sonrisa se asoma en su bello rostro - La primera es que dejará que yo le enseñe a defenderse de personas más fuertes que usted. - ¿enseñarme a defenderme? – le pregunto sorprendida - ¿Cómo? - Ayer durante el almuerzo dijo que estaba de acuerdo con el uso de las armas para defenderse y… - ¿Así que me enseñará a disparar un arma? - No, le enseñaré a utilizar un arma en contra de las personas que quieran hacerle daño y le rogaría que no me interrumpa cuando hablo, no lo tolero – dice, intenta lucir molesto pero me parece que esto le divierte más de lo que le molesta - también le enseñaré algo de pelea autodefensiva, uno nunca sabe con qué clase de situación se va a topar en la vida y a mi parecer, toda mujer debería tomar clases de autodefensa – dice y me deja totalmente sorprendida. - Bien, me agrada esta condición. La acepto – digo, y luego doy un sorbo a mi agua tibia - ¿cuál es la segunda? - Segundo, La persona o personas que le hicieron esto – dice – deben pagar las consecuencias de sus actos - ¿Vengarme? – pregunto sorprendida - No, venganza no. Llámenosle Justicia – dice con una tranquilidad y frialdad sorprendentes, sus palabras hacen que considere mi posición, sí quiero vengarme de ese idiota, de la zorra de su amante y del viejo taxista pervertido, ellos deben pagar por lo que me hicieron. De ahora en adelante no dejaré que nadie me humille o me desprecié nunca - Acepto – digo mirándolo fijamente, él me sostiene la mirada, es como sí pactáramos un trato invisible - La habitación está lista – es la Sra. Hernández - Gracias – dice William mientras se pone de pie – Podría guiarla a su habitación para que descanse - Con gusto - Bien - Por favor, descanse lo mejor que pueda y cualquier cosa que necesite puede hacérmelo saber o a la Sra. Hernández. Se queda en su casa – dice - Muchas Gracias Sr. Thomas – le respondo – no sabe lo que esto significa para mí - Por favor, llámame William y no tienes nada que agradecer ya que como te lo hice saber, mi ayuda tiene un precio, el cual aceptaste pagar así que mi deber es brindarte todo lo que necesites a cambio – dice y luego se retira haciendo que lo pierda de vista - Señorita, por favor sígame – Dice la señora y yo la sigo de cerca mientras ella me guía hacia arriba y luego de varias puertas, abre una hermosa puerta dorada y me indica que entre a la habitación - Muchas gracias – le digo a la Sra. Hernández – Lamento hacer que trabaje a estas horas de la noche – me disculpo - No tiene de qué preocuparse, prepararé una ducha de agua tibia ya que imagino que desea asearse un poco antes de dormir – dice con una sonrisa amable – también le preparé ropa para dormir, son del Sr, Thomas pero estoy segura que a él no le importará que usted la utilice por hoy – dice señalando un pijama n***o que está doblado encima de mi cama - Muchas gracias, es muy considerada - Es mi trabajo, sí necesita algo hágamelo saber. La dejo sola para que pueda acomodarse bien y descansar – dice y seguidamente sale de la habitación en dirección al baño. La habitación es hermosa, elegante y lujosa, me acerco al espejo que está junto al enorme armario que obviamente está vacío, incluso yo me sorprendo al ver mi aspecto, parezco una persona totalmente diferente. Mi piel tiene un tono pálido verdoso que hace que mis moretones por los golpes se vean aún peor, mi cara está hinchada, mi cabello despeinado y parezco una loca, por alguna razón me parece gracioso ver mi reflejo; seguramente a Asher le encantaría verme así, tocan la puerta de mi habitación y les indico que entren. Son dos chicas cargadas con un botiquín y toallas limpias. - Buena noche Señorita, el joven señor nos pidió que le ayudáramos a tratar sus heridas - Buena noche, se los agradezco mucho – les respondo y me dirijo al sillón para sentarme y dejar que ellas puedan intentar curar mi cara. Luego de que las jóvenes terminaran su trabajo, la señora Hernández me indico que mi baño estaba listo así que simplemente dejé que el agua tibia se llevara todo lo malo que me había pasado ese día, después de tomar mi baño me recosté en la suave cama y me quedé profundamente dormida. Al despertar me di cuenta que la ventana de la habitación que daba al balcón estaba abierta por lo cual pude notar que ya era tarde puesto que el sol estaba alto en el cielo. Me levanté y me dirijo al baño a tomar una ducha; para cuando salí la señora Hernández me esperaba con un ejército de empleadas cargadas de bolsas de compras. - Buen día Señorita, su vestuario ha llegado esta mañana - ¿Mi vestuario? – pregunté sorprendida - Así es, el joven señor me pidió que buscara ropa para usted, de las mejores marcas. Esto fue lo que mande a pedir, puede probárselas e indicarme si le gustan y sí no le agradan puedo mandar a comprar más – dice de forma amable. - No era necesario, lamento darles tantas molestias - No se preocupe, por favor elija – dice mientras las demás chicas me rodean y me muestran todo tipo de ropa, pero toda era demasiado atrevida para mí, es ropa que jamás usaría así que escojo la más simple y me visto para poder bajar a comer. Al llegar al comedor encuentro al Sr, Thomas en la mesa, mientras mira su teléfono, al escucharme llegar levanta la vista y me sonríe - Buena tarde, me alegra ver que está mejor – dice amablemente - Es gracias a usted – digo y le devuelvo la sonrisa – también agradezco lo de la ropa - No es nada, ¿le agradaron las prendas? - Bueno, son hermosas pero son demasiado para mí - ¿A qué se refiere con eso? - Digamos que no es mi estilo, simplemente son prendas que jamás usaría - Bien, siento curiosidad sobre sus gustos, ¿Por qué no salimos y elije las prendas que quiere usar usted misma? - pregunta - No quisiera quitarle el tiempo, seguramente está muy ocupado - Puedo hacer espacio en mi agenda – dice con una sonrisa pícara y sé que no puedo librarme de esto así que no tengo alternativa - Bien, entonces vamos – le digo Pasamos el resto del día de compras, no solo ropa sino que también artículos personales, joyas y maquillaje, parecíamos una pareja de recién casados que iban de compras, sus guardaespaldas cargaban todas las bolsas por nosotros y él llamaba la atención de todas las chicas que lo vieran, luego de las compras cenamos en un hermoso restaurante en el centro comercial, hablamos de todo y de nada a la vez, mientras hablábamos me sentí libre por primera vez, él hace que me sienta segura y libre, es como si fuera un ángel guardián que fue creado solo para cuidarme, pero eso hacía que me repitiera a mí misma que no era así, él solo es una persona amable que me ayuda, nada más. Los días pasaban en la mansión Thomas, y cada vez me acostumbraba más a estar allí, William me trataba muy bien, mientras me enseñaba a utilizar armas de fuego y por primera vez en mi vida noté que soy muy buena en algo, incluso ahora puedo manejar rifles sin ningún problema, lo que se me dificulta un poco es el combate cuerpo a cuerpo ya que soy demasiado delgada, pequeña y débil, nunca he hecho nada en mi vida más que comer y dormir mientras luzco perfecta para los demás, así que mi cuerpo no estaba de acuerdo con el entrenamiento físico. Aun así William cree que voy por buen camino.
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