HUGO DI SANTI. –Están listo– mi vista se desplaza hacia Sandro que empuña una navaja en su mano. Una sonrisa burlona brota de sus labios, el muy hijo de puta cree que puede ganarle a Leandro que se mantiene sereno. Más de nuestro hombres se mueven alrededor para observar la pelea que está a punto de empezar. Algunos ya han empezado sus apuestas y la mayoría están apostando a favor de Leandro. –Que hizo Sofía esta vez– espeta Carlos que se coloca a mi lado. Leandro siempre se ha encargado de arreglar las mierdas que hace su hermana. Como la vez que chocó uno de mis autos de colección y se excusó diciendo que fue la culpa del otro conductor o cuando disparó a uno de mis socios alegando que este le tocó el trasero. Y muchas cosas más. Pero esta vez su equivocación casi le cuesta la

