El coche se detuvo frente a una mansión encantadora, adornada por un bello jardín de colores vibrantes. Alexandra estaba sumamente nerviosa, preguntándose cómo terminaría todo esto; parecía una locura llegar a la residencia de los Archer y ser presentada como la prometida de Dominic.
Él se bajó del coche y abrió la puerta del copiloto, extendiendo su mano para ayudarla a descender del vehículo. —Deja de preocuparte tanto —le dijo con una sonrisa tranquilizadora—. Te aseguro que será divertido. La abuela es buena persona cuando te ganas su corazón, y sé que tú lo harás.
La tomó del brazo y la condujo hacia la entrada, donde ya los esperaba el mayordomo, impecablemente vestido. —Joven Dominic, bienvenido. Señorita, estamos encantados de recibirla —dijo el mayordomo con un ligero asentimiento.
Los dos se dirigieron tomados de la mano hacia el comedor, donde la familia ya los estaba esperando.
—¡Buenas tardes a todos! —exclamó Dominic—. Perdón por la tardanza. Quiero presentarles a mi novia, Alexandra. Cariño, ellos son la abuela Angela, mi hermana Marian, mi hermano Angel, y a Lucas ya lo conoces, él es mi mejor amigo de toda la vida. Aunque a veces siento ganas de golpearlo por todas las tonterías que hace —agregó con un tono juguetón.
—Pero, ¿qué modales son esos, jovencito? —respondió Angela, un poco desconcertada por la presentación—. No sabíamos que traías compañía.
—Abuela, parece que la que ha olvidado los modales eres tú —le dijo Dominic, mirándola con cierta seriedad—. ¿Qué es esa forma de dirigirse a mi novia?
—Disculpe, señorita —se apresuró a decir Angela, al darse cuenta de su error—. Mi nieto tiene razón, pero es la sorpresa que me ha causado la que me hace actuar de forma inapropiada.
—No se preocupe, señora. Mi nombre es Alexandra, es un placer conocerla —dijo ella, extendiéndole la mano con una sonrisa.
Angela tomó la mano de Alexandra, sonriendo con sinceridad. —El placer es mío, querida. Espero que te sientas como en casa.
Justo en ese momento, Marian, con una sonrisa traviesa, se acercó. —Vaya, hasta que mi hermanito nos presenta a alguien. Pensé que mis ojos jamás verían ese momento —dijo, mirando a Dominic con diversión.
Angel y Lucas intercambiaron miradas cómplices, conteniendo la risa ante la reacción de Marian.
Alexandra sintió una mezcla de alivio y nerviosismo mientras el ambiente se llenaba de risas y charlas.
Las cosas parecían marchar de maravilla, hasta que el sonido del timbre puso en alerta a todos los presentes.
—¿Quién más viene? —preguntó Marian, su ceño fruncido reflejando curiosidad.
—No lo sé, hermanita —respondió Ángel divertido—, seguro alguna sorpresa de nuestra querida abuela.
—Espero que no hayas invitado a la insoportable de Karen, abuela —la increpó Marian, su voz llena de desaprobación.
—No seas grosera, niña —dijo la abuela, su tono suave pero firme—. Karen es una buena amiga de la familia, pero no es ella quien está llegando. No sé si recuerdas a Elena, hijo —dijo refiriéndose a Dominic—. Acaba de llegar del extranjero y se me ocurrió invitarla. Espero que eso no te moleste, querida Alexandra.
Alexandra no sabía qué hacer ni qué decir, pero si la sola mención de ese nombre había provocado tanto revuelo con los integrantes de la familia, seguro era porque nada bueno se avecinaba. Sin embargo, necesitaba guardar la compostura y comportarse como la novia amable y refinada que Dominic necesitaba, aunque su papel sólo fuera el de una novia por contrato.
—No se preocupe —dijo Alexandra con una sonrisa—, esta es su casa y puede invitar a quien usted desee. Yo no tendría por qué sentirme mal por eso, además confío en mi novio y sé que él solo me ama a mí.
Por supuesto que Dominique no pensaba desaprovechar la oportunidad que Alexandra le había brindado y se acercó a ella, tomando su rostro para darle un ligero beso en los labios. Acto del cual Elena se percató y, aclarándose la garganta, se dirigió a todos los presentes. Sin embargo, su sonrisa ya no era la misma con la que había llegado. En su rostro claramente se veía la creciente irritación que estaba experimentando por la escena que estaban contemplando sus ojos.
—Lamento interrumpir tan romántico momento —pronunció Elena con un tono de hostilidad—. No sabía que nuestro querido Dominic tenía novia.
—Pues ya ves que sí la tiene, Elena —intervino Marian, molesta por la presencia de la invitada que acababa de llegar—, y por cierto es bastante agradable y mi hermano se ve muy enamorado de ella.
—Eso parece —añadió Elena con cierto veneno en la voz—, pero conociendo a Dominic nunca se sabe lo que pueda pasar.
El ambiente se había llenado de una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Como la abuela Angela se sentía culpable por haber provocado esa situación tan embarazosa, decidió mediar para controlar la incomodidad en todos los presentes.
—Elena, hija, ha pasado tanto tiempo sin verte —dijo Angela con una sonrisa—, pero mírate, estás hermosa.
—Querida Angela, tú siempre tan linda —contestó Elena, tratando de sonar dulce—, me alegra mucho verlos a todos.
Cada quien tomó sus respectivos lugares, y obviamente los murmullos entre los más jóvenes no se hicieron esperar.
—Mi abuela no tenía por qué haber invitado a esa mujer —exclamó Marian en voz baja, junto a Lucas y Ángel—. Mira nada más lo incómoda que está Alexandra por su culpa.
—Ya sabes por qué pasó todo esto, hermana —contestó Ángel—. La abuela estaba dispuesta a conseguirle novia a Dom a como diera lugar.
—Espero que Angela se le pase esa idea —dijo Lucas, tratando de ayudar a su amigo—, porque mi bro está muy enamorado de esta chica. Creo que ahora sí lo flecharon.
Angela no quería sentirse ajena a la conversación, así que con un gesto lleno de severidad miró con cierto reproche a los más jóvenes por su conversación casi en secreto.
—Dejen de estar cuchicheando ustedes tres —les dijo—. Deberían compartir su tema de conversación con nosotros.
—¿Para qué, abuela? —replicó Marian sin ningún reparo—. Tu atención parece estar centrada en tu invitada en lugar de poner atención en dónde debes.
—Marian, ya basta —se defendió Angela—. Todos mis invitados son importantes para mí. No sé por qué dices eso.
Don, al percatarse de todo lo que estaba pasando, le hizo un gesto a su hermanita para que se mantuviera en silencio, ya que no tenía caso seguir discutiendo con la abuela. Ella era tan intransigente cuando se lo proponía que decirle algo en ese momento sólo empeoraría las cosas.
A pesar de que Alexandra había decidido que nada de lo que sucediera con Dominic la afectaría, la forma en la que Elena lo miraba despertó en ella una oleada de celos, la cual la sorprendió de sobremanera. Por lo que de manera instintiva decidió acercarse más a él y mantenerse muy cariñosa durante el resto de la comida.
—Me gusta como te estás comportando, preciosa —le dijo Dominic a Alexandra muy cerca de su oído, su voz llena de intimidad.
—Todo es parte del plan, recuérdalo, no te emociones tanto —contestó ella a la defensiva, tratando de ocultar lo que verdaderamente estaba sintiendo.
—Sí, claro, eso ni tú te lo crees —dijo Dominic, sonriendo—. Puedo saber cómo te estás sintiendo en este momento, y que deseas que mi tacto vaya más allá —añadió casi en un susurro, su aliento acariciando la oreja de Alexandra.
—Muchachos, vamos a tomar el café y algunos postres en la sala, por favor, acompáñenme —anunció la abuela de manera sorpresiva.
La cara de Marian era todo un poema. Sabía que las sorpresas no pararían allí. No solo tendrían que lidiar con la incomodidad de soportar a Elena, sino que seguramente había invitado a alguien más.
—Espero que no sea lo que estoy pensando —murmuró la chica, frunciendo el ceño.
Y no terminaba de decir la frase cuando el timbre volvió a sonar. El mayordomo hizo pasar a la figura imponente que pronto se abrió paso hasta llegar a la sala junto a los demás invitados.
—Hola, familia —se escuchó la voz de Víctor—, perdónenme por llegar tarde, pero ya saben cómo son los negocios. Esos no perdonan.