Narra Rocío De vuelta en casa el agua caliente cae en cascada sobre mí, el vapor empaña el cristal mientras me bajo del abrazo de la ducha. Es un alivio, casi como un bálsamo para mis nervios debilitados. Cada gota parece llevarse la arena de los miedos del día, la tensión tensa en mis músculos. Cierro los ojos, inclino la cara hacia el arroyo y dejo que me lave los restos del hospital de la piel: el olor de los antisépticos, el susurro de la gasa, el peso de las oraciones silenciosas por Adam. —Rocío —su voz retumba a través de la niebla, cargada de una necesidad que coincide con la mía. Mi corazón se acelera ante el sonido de la voz de Bayron, y me giro para verlo, su amplia figura ensombrecida detrás de la borrosa puerta de la ducha. Se abre y él entra; su presencia envuelve el pequ

